Este artículo que sigue, de la autoría del periodista
EUGENIO EIROA FRANCO, fue publicado hace ya muchos años, demasiados,
en el luego desaparecido portal taurino que dirigía Fernando Días,
denominado TAUROMAQUIA
PORTUGUESA ON – LINE.
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En primer lugar, el periodista debe de manifestar su primer “pecado” : la admiración por el toreo clásico, elegante sobremanera, acorde a los cánones, del cavaleiro Antonio Ribeiro Telles. Cuando Antonio ha reunido unas “montadas” acordes con su personalidad, ciertamente, su Tauromaquia ha alcanzado por momentos cotas casi de auténtica perfección.
Sabido es que en el toreo a caballo, muchas veces, los toreros son víctimas de la circunstancia adversa, del “azar”- como en Portugal se dice-. Y momentos malos en su carrera pueden llegar no solo por falta de inspiración : muchas veces, por no tener los caballos adecuados al Toreo que pretenden realizar. Y no es nada fácil lograr en todo momento los caballos acordes con la Tauromaquia de cada uno.
El cavaleiro Antonio Ribeiro Telles ha tenido que atravesar, en los últimos tiempos, ese desierto propio del no poder seguir contando con aquellas estrellas que en su cuadra han sido. Y caballos estrella hay muy pocos. Si además se han tenido, incluso en una misma época, en varias temporadas, al mismo tiempo, dos fenómenos como eran “Gabarito” y “Sal y Pimienta”, el hueco tiene que notarse forzosamente.
Antonio ha sabido, sin embargo, encarar el “azar” con la profesionalidad que le caracteriza y, poco a poco, ha ido remontando vuelo tras unos momentos inicialmente preocupantes. La próxima temporada puede ser, tras el trabajo que viene realizando con nuevos caballos, la vuelta con todos los honores de la gran figura del Toreo que es.
Ya sé que “mestre” es don David Ribeiro Telles, el padre; pero viendo actuaciones sublimes como las que hemos visto a António tantas veces, somos de los convencidos de que este alcanzó ya, hace tiempo, el grado igualmente de “mestre” del Toreo a caballo, de lo que debe estar muy orgulloso el padre; al fin y al cabo su gran profesor siempre, desde la “trincheira” atento en toda circunstancia al consejo oportuno, a otorgar la recomendación adecuada.
Pues bien, en la carrera de Antonio hay un antes y un después. Este último lo va a protagonizar ahora, con los nuevos caballos, con su remontada de esta última temporada y con la confirmación que se avecina de que sigue siendo un grande. El antes viene marcado, forzosamente, por la presencia en su cuadra de “Gabarito” y “Sal y Pimienta”.
“Gabarito” era un caballo artista. Igual que Juan Pedro Domecq ha presumido muchas veces de sus llamados “toros artistas”, no nos quepa la menor duda que, con mucha más razón, Antonio Ribeiro Telles podía haber presumido, mucho más, de tener entre sus caballos a todo un artista de alto copete. Ya su nombre lo decía. Aquel era un caballo de “muy alto gabarito”. “Gabarito” era más que una estrella del Toreo. Era un caballo con sentimiento, capaz de entender cuando su dueño le necesitaba para remontar una faena y poner la plaza boca abajo con el público entregado.
¡ Aquella elasticidad maravillosa, aquellos saltos prodigiosos de los cuartos delanteros, aquella manera de entender y pisar los terrenos comprometidos, aquella expresión de su cara en el momento de la reunión...!. “Gabarito” era en las plazas un fuera de serie.
Siempre que le veía actuar, siempre que le veia triunfar –rara era la tarde en que este caballo no lo conseguía- yo tenía un firme pensamiento : este caballo no debería envejecer nunca, este caballo debería ser respetado por los toros siempre, este caballo debería ser inmortal...
Que me perdone Antonio Ribeiro Telles, pero cuando salía montado en “Gabarito”, dejaba de pensar en su Toreo, que tan brillantemente estructuraba, para pasar a admirar a aquel artista, a aquel caballo torero por excelencia que era “Gabarito”. ¡Cuánto le echamos de menos!.
Pero Antonio Palha Ribeiro Telles tenía en su cuadra otra excelencia de caballo : “Sal y Pimienta”. Decían que era un caballo mexicano. De pinta originalísima : la cabeza cargada en castaño, el cuerpo desteñido, aliviado en tonos blanquecino-castaños, “Sal y Pimienta” era un caballo –como “Gabarito”— apasionante para un tercio de banderillas capaz de arrancar música en el primer “ferro curto” y de acabar con el público en pié pidiendo “mais um ferro de palmo”.
Con “Sal y Pimienta”, que nunca llegó al nivel extraordinario de “Gabarito”, pero que nunca dejó de ser un caballo digno del mejor recuerdo, tuvo Antonio un complemento fantástico a momentos de oro vividos en tantas y tantas plazas de Portugal e incluso de España.
Recuerdo que la fama de sus actuaciones con aquellos caballos, enseguida traspasó la frontera. Fue así cómo en un pueblo de Toledo (España) a donde habíamos ido a ver una corrida de rejones (los hermanos Domecq, Fermin Bohórquez y Leonardo Hernández, juntos aquel día), nos encontramos a Ludovino Bacatum y Juan Manuel Moreno Menor –el gran apoderado y empresario del Toreo a caballo de entonces-. Bacatum y Moreno Menor hablaban de la posibilidad de incorporar al ya consagrado Antonio Ribeiro Telles, al gran circuito de las mejores plazas españolas.
Pero era tarde : la temporada ya estaba empezada y muchas ferias –que además solo dejan un día para la corrida de rejones— con sus carteles cerrados. Moreno Menor quería, pero las circunstancias no ayudaban. Bacatum –un hombre listo donde los hubiere en esto del Toreo- sabía mejor que nadie que si Antonio hubiese entrado “en condiciones” aquel día en el “circuito” español –con 20 o 25 actuaciones garantizadas en plazas de primera y segunda categoría— hoy estaríamos hablando de todo un caso, como el de Hermoso de Mendoza, en el Toreo a caballo. No hubo suerte aquella vez. Antonio siguió su carrera en este Portugal que tanto quiere y ello no debe desmerecer lo más mínimo sus indudables méritos.
Con todo, el gran mérito fundamental de Antonio Ribeiro Telles ha sido, siempre, hacer el Toreo puro, de acuerdo a un clasicismo y elegancia que nos recuerdan lo más profundo, lo más elegante de la mejor y más alta escuela portuguesa y... sin embargo, no renunciar a la espectacularidad y emoción necesarias siempre.
¡Sus “ferros cumpridos” “de praça a praça”, gritando y agitando el rejón de castigo, espectaculares siempre!; ¡sus farpas inverosímiles, colocadas tantas veces a mansos de imposible lídia y que, sin embargo, con el siempre la han tenido!.
Pero hoy, Antonio, me lo vas a permitir : el recuerdo es para aquellos inolvidables, aquel “Gabarito”, caballo sin hierro que demostró ser del mejor de los linajes toreros; aquel “Sal y Pimienta”, capaz de recortes en un palmo de terreno que a todos nos ponían en delirio desde la bancada... Allá donde quiera que hoy estén, “Gabarito” y “Sal y Pimienta” son ya historia y gloria; pura gloria mundial del Toreo a caballo.
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Este artículo de
EUGENIO EIROA FRANCO
fue publicado hace ya muchos años, demasiados,
en el luego desaparecido portal taurino que dirigía Fernando Días,
denominado TAUROMAQUIA
PORTUGUESA ON – LINE.

