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Luque, los Victorinos, otra magistral actuación en Valladolid

El diestro sevillano Daniel Luque dictó una auténtica cátedra de magisterio taurino este 12 de septiembre de 2026 en la Plaza de toros de Valladolid. Frente a una exigente y …

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El diestro sevillano Daniel Luque dictó una auténtica cátedra de magisterio taurino este 12 de septiembre de 2026 en la Plaza de toros de Valladolid. Frente a una exigente y compleja corrida de la mítica ganadería de Victorino Martín, Luque revalidó su estatus de figura indiscutible al desorejar a su lote y abrir la Puerta Grande. Su actuación combinó de forma milimétrica la superioridad técnica, el valor frío y un temple espacioso.
El segundo de la tarde : Técnica quirúrgica ante la mansedumbre. El primer astado del lote de Daniel Luque no puso las cosas fáciles desde su salida, mostrando complicaciones estructurales y costándole desplazarse en el capote. El animal, que poseía la virtud de la humillación pero adolecía de fijeza y recorrido, exigía un examen perfecto.
Luque planteó una faena de enfermero y cirujano a la vez. Consistió en torear estrictamente de uno en uno en los pases y tandas, sin prisas, asumiendo el ritmo intermitente del toro.
A base de colocación perfecta y firmeza de plantas, logró que el astado rompiera a embestir por donde parecía imposible.
El trasteo fue ganando hondura por ambos pitones en una obra que fue claramente de menos a más. Tras una estocada inapelable, paseó su primera oreja de la tarde.
El quinto : Temple, ritmo y ligazón. Con el quinto de la tarde, de nombre "Soberbio", llegó la explosión estética de la actuación de Luque. Desde el recibo capotero, el torero aplicó un trato lidiador impecable para enseñarle los caminos al de Victorino.
En la muleta, el toro sacó a relucir las mejores virtudes del encaste : clase, ritmo y una humillación excelsa.
La Faena: Luque cuajó una labor repleta de pulso e inteligencia, acariciando las embestidas con un gusto personal exquisito
Estructuró series rotundas buscando siempre la pureza del trazo. Sabiendo el valor de la muerte del toro, aguantó los tiempos y pidió calma al tendido antes de usar el descabello. Tras asestar una buena estocada y un certero golpe de cruceta, se le concedió la segunda oreja que le abría de par en par la Puerta Grande.
La corrida de Victorino Martín, seria, con muchos matices y de extremada exigencia física ("dura de patas"), dejó claro que no era una tarde apta para mentes débiles. Mientras que Manuel Escribano se topó con el peor lote sufriendo ante una verdadera alimaña orientada en cuarto lugar, el joven Aarón Palacio dio una gratísima dimensión cortando un apéndice en el tercero. 




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