FOTOS DE ARAÚJO MACEIRA / TRIBUNA DA TAUROMAQUIA IBÉRICA
Daniel Luque enfrentó en Pontevedra dos toros de dificultad media-alta: con embestidas irregulares, cierta incertidumbre y tendencia a la querencia o a quedarse. No fueron lo que se dice “fáciles”. El sevillano construyó dos faenas de mando, inteligente progresión y dominio técnico, sin efectismos gratuitos; seriedad y toreo de verdad.
Primer toro (fue el 3.º de la tarde – Castañuelo, 505 kg).Lo recibió Luque con verónicas, centrando al animal y midiendo las necesarias distancias. Completó con chicuelinas de buen trazo.
La faena en la muleta fue de construcción progresiva (“fue de menos a más”). Comenzó midiendo los terrenos y colocando bien al toro. Utilizó una línea de naturales muy trabajada, metiendo al animal en la muleta y enroscándoselo a la cintura, al cargar la suerte y reducir distancias. Con ese toreo de dominio, el toro, aunque incierto, quedó finalmente sometido. Fue cuando Luque buscó para el final instantes de alardes de autoridad sin perder nunca la compostura. Ya en la suerte suprema, estocada muy recta, entrando con decisión y agarrando profundamente. El animal se resistió a doblar (de ahí el aviso), pero la estocada fue de calidad técnica. Finalizaba así una faena de mando y progresión. Luque no buscó la emoción fácil; impuso su concepto de toreo de posición y control. Buena lectura en todo momento de las condiciones del animal.
Segundo toro (6.º de la tarde – Clarín, 510 kg). Daniel con el capote
nuevamente lució por verónicas y chicuelinas. Muy centrado siempre, ya de salida controló todos los extremos de la lidia.
Con la muleta, la de Luque fue la faena más completa y brillante de la tarde : dio espacio inicial al toro (que se mostraba como pegajoso cuando aceptaba ir a por la pañosa) para así controlarlo mejor y no precipitarlo. Lo fue metiendo progresivamente en la muleta con poderío y autoridad. Resolución brillante de la situación cuando el toro le pisó el engaño: improvisó un molinete limpio y hasta vistoso que el público jaleó rotundo. No faltaría luego una serie de naturales “uno a uno” partiendo de la escenificación del cartucho de pescado (concepto clásico de ligazón y temple). Una faena muy completa que buscó un cierre con gran intensidad: arrimón importante + desplante y descaro ante el toro, en muestra de autoridad que galvanizó los tendidos de la plaza. Otra estocada de calidad, profunda y resolutiva fue el broche final. Dos orejas claras, sin discusión posible.
Había sido una faena de poderío, temple y capacidad de improvisación. Destacó la inteligencia para dosificar el espacio, la pureza de la ligazón de los naturales y la capacidad de convertir un momento de peligro (el pisotón-desarme de muleta) en un lance de mérito. El arrimón final demostró superioridad física y mental. Como en el primero había hecho, adaptó la faena a las características de cada animal (incertidumbre del primero, embestida «pegajosa» y no demasiado lucida del segundo). Luque estuvo muy bien : sus esfuerzos ante el toro, fueron muy bien dosificados. No se precipitó ni se alejó en exceso. Mostró un serio trabajo de ligazón, temple y cargar la suerte. Toreo de mando y autoridad más que de lirismo que acabó entusiasmando al público. Serio, concentrado, sin concesiones al efectivo y a lo fácil, Luque se mostró muy solvente en ambos toros .
Fue una tarde de alto nivel técnico y de dominio. Luque demostró que se encuentra en un momento de gran seguridad y capacidad lidiadora: puede imponer su criterio a toros no colaborativos y convertir dificultades en triunfo.
No fue una tarde de toreo “bonito” o de emoción desbordante por la calidad de los toros, sino de toreo de autoridad y oficio. Precisamente por eso resulta más meritorio el rotundo triunfo de Daniel Luque en la más que centenaria (126 años) plaza de toros de Pontevedra.



