REPORTAJE GRÁFICO DE ARAÚJO MACEIRA
Las peñas taurinas constituyen uno de los elementos más distintivos y vitales de la Feria de la Peregrina en la Plaza de Toros de San Roque (Pontevedra). Son el “corazón” y la seña de identidad de esta cita, la única feria taurina activa que queda en Galicia y considerado el gran bastión de la afición en la comunidad.
El fenómeno de las peñas arranca a principios de los años 70 (alrededor del año 1973) por iniciativa de Adolfo “Fito” Mosquera Friol. Inspirado en los Sanfermines de Pamplona y los Sanjuanes de Soria, reunió a un grupo de amigos (inicialmente “O Rabo”) que acudían a la plaza con camisa blanca, pañuelo rojo y pantalón vaquero, llevando empanadas y sangría, con la idea de disfrutar antes, durante y después del espectáculo. Poco después se formalizó otro colectivo, como Peña Kuki, con pañuelo azul (toque gallego), instrumentos caseros y pancarta.
El éxito generó un efecto dominó: aparecieron peñas como Karepas, Pepe-Hillo, Pitones, Gin Kas y otras, incluidas algunas de carácter más específico o feminista. Hoy el movimiento que nos ocupa está plenamente consolidado y con notable fuerza desde hace más de 40-50 años.
La Coordinadora de Peñas Taurinas de Pontevedra agrupa -y no agrupa a todas- habitualmente entre 45 a 50 peñas (en este 2026 se llegaron a citar 51, y hasta con catorce nuevas creadas en un solo año). En global suman unos 2.500 peñistas. Bastantes peñas son pequeñas (15-25 personas, frente a los grupos mucho más numerosos que subsisten del pasado), pero su número y presencia colectiva es lo que marca la diferencia.
Con sus camisetas, gorros, pancartas, instrumentos y buen humor, llenan especialmente el tendido de sol de un colorido y jolgorio característico, a menudo comparado con un “simulacro de Sanfermines” adaptado a Pontevedra. Crean un ambiente espectacular, sano y muy respetuoso con la tradición.
Su presencia asegura la entrada y arrastre de público y contribuye de forma decisiva a los llenos o casi llenos que se registran generalmente en Pontevedra.
Además, facilitan la renovación generacional : atraen a jóvenes, familias, grupos de amigos y aficionados que solo se reúnen estas fechas. También reciben visitantes de otras zonas de Galicia, del resto de España y del norte de Portugal.
Actividades paralelas que mantienen viva la afición todo el año : más allá de su presencia en las corridas, organizan:la tradicional becerrada popular (pistoletazo de salida de la feria, en cada mes de junio/julio)., concursos de carteles y de fotografía; viajes a ganaderías, varias cenas (incluida la de Navidad), junto a otras iniciativas de difusión y acercamiento al mundo taurino.
En un contexto en el que Pontevedra es el último coso activo de Galicia (tras el dictatorial cierre político de A Coruña en 2015 por decisiones municipales de los neocomunistas, independentistas y socialistas cómplices de la erradicación de la Tauromaquia ), las peñas antes descritas son como un primer rostro de “la resistencia del toreo” en la ciudad de Pontevedra y en la comunidad gallega. Llevan décadas impulsando la afición, colaborando con la empresa (familia Lozano) y contribuyendo a que la feria conserve categoría, ambiente amable y proyección.
No se puede negar : sin las peñas la Feria de la Peregrina perdería gran parte de su singularidad: el color, la alegría colectiva, la garantía de público entregado y el carácter popular que la diferencian de otras citas más formales en la Tauromaquia de otras ciudades. Son, junto a la propia plaza centenaria (126 años) , uno de los pilares que mantienen viva la tradición taurina en el noroeste peninsular.




























