El cavaleiro Francisco Palha tuvo momentos realmente importantes el pasado viernes noche en Campo Pequeno. En sus dos actuaciones hubo instantes de gran relieve, dignos del aplauso cerrado que el público supo ofrecer como subrayado a lo que estaba viendo.

Palha tiene su concepto del Toreo a Caballo, en donde prevalece la constante búsqueda de la perfección en la ejecución final de las suertes, en la frontalidad con que encara la colocación final de banderillas y ferros cumpridos. 

Habrá quien diga que Palha debería de lidiar y trabajarse más los toros, rematar luego más y mejor las suertes, no estar tan obsesionado por lo que habitualmente hace y ocuparse algo más de lo que no hace... No seremos nosotros quienes reclamemos eso al muy buen cavaleiro que es Francisco.
Y es que la grandeza del Toreo está en albergar muy diferentes estilos, muy diferentes modos de torear a caballo cuando se pisa una arena. 
La grandeza del espectador debería de ser admitir eso, admitir que en la variedad está el gusto y que si todos toreasen igual esto iba a ser muy aburrido... En todo caso, tratar de valorar y apreciar cuantos más modos y estilos de Toreo... cuantos más, mejor

Esto es como si en todas las corridas, todas, uno de los acartelados fuese Palha : acabaría cualquiera harto de Francisco y su toreo... salvo sus fans más acérrimos.
Por eso que... cuando se confecciona un cartel, buscando que esté bien rematado, debe tenerse en cuenta que en todo lo posible no haya repetición de estilos, de modos de torear... procurar que haya contraste, variedad, que luzca el Toreo en sus diferentes dimensiones y variedades. El cartel de Lisboa tenía el contraste entre el Toreo de Francisco Palha y el Toreo de Guillermo Hermoso.
Guillermo logró una completísima faena y fue lo mejor de la noche así, en el Toreo a Caballo.
Pero Francisco Palha, en lo que su toreo es, estuvo muy bien y fue así que colocó por su parte los mejores "ferros" de la noche, para algo en ello está especializado-obsesionado el gran cavaleiro que es.

A nosotros, como no le vemos todas las semanas, como en la temporada le podemos ver 3 o 4 veces a lo sumo y espaciadas, Francisco Palha no nos cansa; todo lo contrario, lo disfrutamos y mucho en su Toreo.
Esa su exigencia máxima a los caballos, ese modo de irse al pitón contrario y el encaje luego en el retorno para hallar el momento exacto y el lugar perfecto o casi perfecto para clavar... son instantes que pocos, muy pocos como Francisco Palha dominan a la perfección.

En Lisboa, el viernes, Palha hizo su Toreo. Y en el, por momentos, estuvo muy importante, con enorme seguridad en su mismo y en lo que quería -y logró- poner en práctica. Y agradó. Claro que agradó. Porque buscó la emoción siempre, como fórmula para captar la atención del público. De ese modo, insistió en su estilo, procurando la autenticidad, sin excesos si quieres pero con indudables riesgos. Y esto el público, evidentemente, lo sabe valorar. Y lo valoró en Lisboa.

EUGÉNIO EIROA

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