Yo acuso : defensa cerrada de Andrés Roca Rey



TRIBUNA da TAUROMAQUIA IBÉRICA
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Peña taurina Lima de Octubre
  YO ACUSO: DEFENSA CERRADA DE ANDRÉS ROCA REY
Por Paco Villanueva
En los casi 50 años que llevo viendo corridas de toros, como aficionado jamás siquiera soñé que un matador peruano llegaría hasta el sitial alcanzado en España por nuestro compatriota Andrés Roca Rey.
Desde niño, cada que repasábamos la historia taurina española junto al abuelo Luis, imaginaba las artísticas tardes de Rodolfo Gaona, el poderío de Armillita o el mando que Arruza compartiera con Manolete; idealizaba las hazañas de César Girón con aquellos dos rabos en la Maestranza en 1954, para luego, ya en tiempos de facultad, impactarme con las cuatro salidas a hombros en Madrid por César Rincón en 1991.
México, Venezuela y Colombia. Tres países latinoamericanos que habían escrito sus glorias taurinas en las páginas de la historia. El Perú, sin embargo, pese a su tradición taurina, solo tuvo intentos fallidos por conquistar España. Todos terminaron en el olvido. Porque fueron tres Rafaeles los que no lograron la ansiada hazaña: primero Santa Cruz, luego Puga y, finalmente, hace casi tres décadas, Gastañeta.
Hasta que apareció Andrés Roca Rey para revolucionarlo todo para siempre, metiendo a nuestra patria en las páginas gloriosas del toreo. Y ocurrió esto tan inesperado precisamente en tiempos en que prensa, radio y televisión callan o vetan indiscriminadamente las enormes coberturas informativas que antaño disfrutaron las figuras históricas que cité.
Hoy que la oferta taurina televisiva ha sido «privatizada», hemos dejado de escuchar voces objetivas, profesionalmente imparciales, que informaron o reconocieron las campañas de Roca Rey en España. Fernández Román, Rubén Amón, Luis Francisco Esplá, Alfonso Santiago o incluso Zabala de la Serna se alejaron de ese medio masivo clave luego de que Telefónica tiró la toalla al retirar de su señal de cable aquel canal que todos extrañamos.
Porque en ese espacio televisivo, además de las corridas de temporada, se ofrecían noticias, debates, análisis e información diversa sobre todas las ferias, toros y toreros. En resumen, los aficionados nos quedamos sin la necesaria diversidad de enfoque, el análisis imparcial y la contemplación de distintos puntos de vista respecto de la labor de los matadores para quedarnos hoy con lo que llamo la dictadura del estilo en el toreo, una que tiene por objetivo intentar desaparecer del orbe taurino la importancia y trascendencia que tiene Andrés Roca Rey en la tauromaquia actual.
Sin embargo, al quite, acude para sosegar la necesidad de información respecto de nuestro paisano el internet y sus incontables espacios, gracias a los cuales podemos saber que este 2023 continúa la impetuosa campaña de Roca Rey, una que busca superar la del año pasado cuando, ante las tan promocionadas 100 tardes de Morante en España, el limeño plantó su estandarte cortando 139 orejas pese a torear 27 tardes menos que el sevillano. Nadie lo superó en una de las campañas más arrolladoras que se recuerden en los ruedos españoles. Nadie.
¿Y cuál fue la posición de la dictadura del estilo en España? Yo acuso: menospreciar de la peor manera cualquier logro de Andrés Roca Rey.
Ayer jueves nos enterábamos por Internet de que Andrés sufría una aparatosa cogida en Toledo ante la cual, informó Mundotorotv que «a pesar de los consejos médicos […] viajará a Granada para cumplir este viernes con su próximo compromiso en la Feria del Corpus y el de este domingo en la corrida In Memoriam de Las Ventas». Y el percance no impidió que Roca Rey le cortara las dos orejas al toro.
De otro lado, El Mundo informó: «Roca Rey no quiso drenar la cornada interna tras la espeluznante cogida en Toledo para poder torear en Granada y Madrid. El peruano conquistó un triunfo de dos orejas a sangre y fuego, aunque no salió por la puerta grande sino por la de la enfermería».
¿Y qué dice la dictadura del estilo respecto de la vergüenza torera, el compromiso y la ambición que evidencia nuestro compatriota con tal decisión? Yo acuso: absolutamente nada.
La cosa, viene de atrás. Anunciado el cartel de la corrida de Beneficencia en Madrid, conocemos que lo integran Emilio de Justo (indiscutida inclusión), un resucitado Castella (triunfador del último San Isidro) y finalmente un desconocido: Fernando Adrián. Su inclusión se ha dado en «reconocimiento» a su salida en hombros luego de cortar una oreja a cada uno de sus dos toros en la corrida del pasado 31 de mayo, algo ante lo cual el reconocido comentarista Domingo Delgado de la Cámara ha expresado la urgente necesidad de exigir el corte de dos orejas a un mismo toro (como en Bilbao) para poder salir por la Puerta Grande madrileña.
En el sentido de lo expuesto, siendo la Corrida de Beneficencia por tradición la más importante, la de mayor peso en el calendario taurino español, me pregunto: ¿se consideró acaso incluir en dicha corrida a Roca Rey ante sus categóricas Puertas Grandes de los San Isidro 2016 y 2019? Yo acuso: jamás se consideró incluirlo.
Y declaro también mi indignación frente a ese hecho cuando recuerdo aquel titular utilizado nada menos que por José Antonio del Moral en su crónica del 23 de mayo del 2019, luego de presenciar la segunda Puerta Grande en Madrid de Roca Rey:
«Novena de San Isidro en Madrid. Mentiría si no dijera que ayer disfrutamos con uno de los más grandes líos de nuestra vida».
Comparto extractos de la crónica del famosísimo periodista: «A mis 76 años, 65 de ellos viendo toros por todo el mundo, no quiero exagerar si afirmo que llevo vistos cerca de 15 000 festejos a lo largo de mi vida en los que la tauromaquia ha sido y sigue siendo gran parte de mi ser, de mi estar y de mi vivir. Gracias a mis ojos y a mi mente he tenido la inmensa suerte de dedicarme por entero a ver y comentar en la radio, en la prensa, en la televisión, mediante mis libros y en infinidad de conferencias en muchas ciudades del mundo […] Perdonen mis lectores si consideran que lo que acabo de decir es autobombo. Es la primera vez que lo hago. ¿Por qué? Para apoyarme en todo ello para poder decir que lo que sucedió ayer en Las Ventas fue una de esas poquísimas ocasiones en la que un torero arma la mar y morena, lo que vulgarmente llamamos, un lío. La locura colectiva, unánime, sin ninguna clase de distingos, sin que nadie, nadie, nadie… pueda negar la evidencia de estar asistiendo y sintiendo en el fondo de sus almas que la segunda faena que cuajó ayer Andrés Roca Rey en Madrid frente a un torazo de casi seis años logró concitar unos de los muy pocos momentos más unánimemente clamorosos que hayamos vivido y gozado en nuestra vida».
Por favor, tomen nota de este remate de Del Moral: «Un faenón tan grande y tan redondo solamente lo consiguen los elegidos por los dioses. Roca Rey es uno de ellos, sin discusión posible de ninguna clase, porque ayer logró torear como quienes mejor han toreado en la historia del toreo. Y ya se sabe que, a lo largo de esa historia, poquísimos diestros han logrado aunar el valor, la destreza y el Arte —sí, el Arte con mayúscula— en tamaña medida que hasta podríamos clasificarla de estratosférica».
Ante tal evidencia, ¿alguien recuerda el cartel de la Corrida de Beneficencia 2019? Tomen nota otra vez señores: Diego Ventura, El Juli y Diego Urdiales. ¡Una corrida mixta que inclusive obvió considerar un tercer torero de a pie!
Vuelvo a preguntar: ¿el tendido 7 de Las Ventas estuvo de acuerdo con ese cartel? ¿Acaso Antonio Lorca (El País) o Manuel Amorós (ABC.es) reclamaron la presencia del matador limeño? Yo, Paco Villanueva, acuso: ¡Callaron absolutamente!
Inevitable preguntarse qué es lo que está pasando con Andrés Roca Rey en cierto sector de «oficialidad» y afición en España. Para tocar este punto final en mi ensayo, debo decir que entre algunos aficionados amigos se levantan respetadas voces que discrepan respecto de la propuesta taurina de Roca Rey. Con fundados argumentos, dichas voces sustentan incluso que han perdido totalmente el interés respecto de la temporada de Andrés este año.
Si eso sucede con todo derecho entre aficionados locales, no es difícil imaginar lo que viene logrando la dictadura del estilo en España. Porque resulta que esa troupe, conformada por puristas enfurecidos (en prensa), nacionalistas trasnochados (en los tendidos) y un sinfín de personajes sumergidos en denostar y ningunear todo lo que en el ruedo haga o deje de hacer Roca Rey, viene escalando posiciones ante el incomprensible silencio de muchos especialistas en prensa y crítica peruanos. Por eso no puedo ni quiero callar más mi posición. Por eso, acuso.
Porque acabamos de verlo en el último San Isidro, en una medida que llamó poderosamente la atención de cronistas imparciales que expresaron no solo su sorpresa, sino también su rechazo frente al ensañamiento dirigido contra el torero peruano. Pero también es necesario decir que históricamente la hostilidad de un sector de Las Ventas (no toda la plaza, por favor) debe ser tomada por Roca Rey tanto como una condecoración en su palmarés de figura del toreo como el aviso de una siempre necesaria introspección de su propuesta en el ruedo y, sobre todo, en su hasta hoy incomprensible decisión de no enfrentarse a diversidad de encastes.
Este domingo 11, Roca Rey se las verá nuevamente en Madrid frente a la dictadura del estilo. Alternará con El Juli y Talavante frente a un encierro de Victoriano del Río.
Mantengo la fe en que la grandeza contenida en la esencia más pura del toreo habrá de lograr que la historia que leerán nuestros nietos mencione el sitial que desde su confirmación de alternativa en el 2016 ha reservado con creces Andrés Roca Rey Valdés, nuestro torero.
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