Sevilla, rejones) O que você não vai ler em outros sites) O teatro requere "Murube´s" mas a emoção precisa outra coisa


Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería, en Sevilla. Casi lleno. Quinta corrida de la Feria de Abril. Toros de San Pelayo-El Capea, lidiándose un sobrero como cuarto toro, tras inutilizarse este al rematar en un burladero y romperse un pitón por la misma cepa.
Rui Fernandes, ovación con saludos tras tímida y escasa petición y ovación con saludos tras una fuerte petición.
Diego Ventura, ovación con saludos y ovación con saludos tras aviso.
Guillermo Hermoso de Mendoza, oreja y dos orejas. Salió por la Puerta del Príncipe



Por lo general, esta no fue una excepción, las corridas de rejones en España tienen escasa emoción. Emoción solo es la que parece desprenderse de los aplausos cerrados de algunos espectadores puestos en pie, no es emoción derivada del riesgo real, del propio Toreo... es más bien derivada de las habilidades, de momentos más o menos circenses que los rejoneadores hacen cada vez más con sus caballos y... de la propia ignorancia de algunos públicos -que la tienen y no poca-. 

Viene ello a cuento, en su mayor parte, de lo visto en Sevilla este domingo, en la corrida de rejones de la Feria de Abril de 2023. El ganado murubeño de la familia de Pedro Gutiérrez Moya (El Niño de la Capea) se hizo presente en esta corrida para dejarnos, mejor : confirmarnos, lo de siempre... Sirven para el rejoneador, frente al que teatralizan muy bien : cuando galopan lo hacen de modo uniforme, constante... aparentando perseguir al caballo, cuando en realidad no pasan de un simple seguir al equino, a veces con trote cochinero, con paraditas de vez en cuando... simulando lo que -salvo algunos en casos excepcionales- no son : toros capaces de instalar la verdadera emoción y el riesgo en el ruedo y en las gradas, elementos sin los cuales no hay verdad, no hay lo fundamental en la Fiesta.

Encima, estos toros murubeños ("nhoc-nhoc" como dijo en su día Salgueiro a Alvarenga en aquella famosa entrevista) que echaron en la plaza de Sevilla este domingo, tenían en varios casos tendencia a tablas, enculándose allí alguno, como el sobrero que toreó como cuarto Rui Fernandes.
Toros pues, que en algunos casos aparentaron -lo que engaña siempre a los ignorantes (que no son pocos en el tendido de una plaza)- y hacen felices a los rejoneadores, porque les permiten montar su show (véase por ejemplo a Ventura arrodillando dos o tres veces un caballo, a poca distancia de donde estaba el toro estático, inamovible, impasible, todo un marmolillo)... 
Toros que luego, a la hora de matar, crean problemas, porque pueden en algún caso resultar inamovibles del lugar donde echan el ancla y de ahí no mueven el culo... Así pagó Ventura la comodidad en uno de sus toros, al que el eterno caballo "Nazarí" hizo mil diabluras más o menos artístico-equinas, completadas luego con el otro caballo del número de la cabezada retirada (pero con martingala pescuecera a mano medio invisible, por si acaso) y que echaba la boca y mostraba los dientes a un palmo de la cornamenta del murubecito... Cuando luego quiso matar Ventura, el toro, anclado en la arena, no se movía un centímetro. Y Diego pinchó una, dos, tres, cuatro, cinco... veces, para acabar clavando de verdad el rejón de muerte a la sexta vez...

¿Vimos toreo a caballo este domingo, en Sevilla?. No mucho, solo momentos, apuntes, esbozos y para de contar. Para ver Toreo tiene que haber toro. Y esta manía de torear las llamadas figuras los "murubes" de servicio lleva a la falta de emoción, de verdad, de riesgo en la plaza. El Toreo no puede ni debe ser una obra de teatro. Y por lo general, con los "murubes", en muchas ocasiones -o momentos- lo es.

Por lo general, los astados murubeños se han caracterizado por ser un animales de cierta caja, más bien largos (como el que se inutilizó y que salió en cuarto lugar... que era el mejor presentado de toda la corrida), badanudos y en cierto modo descolgados, de testuz en ocasiones acarnerada y rizada, también chatos y enmorrillados; acapachados de cuerna, de mazorca gruesa pero pitones ya de por sí poco astifinos que luego con los arreglos y afeitados propios de las corridas de rejones queda en lo que queda.... Según los rejoneadores "figuras", este toro tiene la gran virtud de su forma de galopar, un toro de "buen son" y con "calidad" según ellos... que están siempre muy contentos con este tipo de astados que, salvo excepciones, no suelen crear problemas de cuidado, pues aparentan -que es lo que se necesita para la obra de teatro- pero por lo general no resultan imprevisibles en modo alguno, por lo que -si lo vemos con conocimiento de causa- la emoción que transmiten es realmente escasa... 

Pues este ganado "murubeño" es lo que hubo este domingo en Sevilla. Y en algún caso, rajándose, instalándose en tablas y rehuyendo ya a todo, ni siquiera optando por el tradicional disimule de este encaste. Así pasó en el sobrero y cuarto que lidió el portugués Rui Fernandes.
Y curiosamente, con un zapato de toro, inútil y acobardado, fue donde vimos los momentos de mejor Toreo. Porque Rui Fernandes, en ese toro, hizo lo que hay que hacer : torear, por encima de todo torear. No importa si el toro no colabora en nada. Es obligación del rejoneador, del cavaleiro, darle su lidia. Todos los toros, en la medida de lo posible, tienen su lidia. Y hay que dársela. Rui Fernandes hizo cosas muy interesante con aquel morlaco encajado en tablas... 
Consciente de que el marco de la Real Maestranza no lo permitiría, mantuvo a los Hugo´s banderilleros de su cuadrilla tapados y echó mano de su caballo y de su indudable buen hacer con los equinos, para sacar -no sin enorme trabajo- al toro de donde estaba anclado... lo suficiente para ir colocándole las banderillas y -además- clavando bien y con excelente técnica... Fue una faena para entendidos, para quien sabe valorar eso, para quien reclama que a todo toro se le de su lidia... Y buena parte de La Maestranza lo entendió, estuvo con el torero, aplaudiéndolo con fuerza y sacando el pañuelo tras rodar el toro... pero faltó otra parte, la petición de oreja -merecida, muy merecida- era fuerte, pero faltaron unos cuantos pañuelos más para que la presidenta de la corrida viese que los que pedían la oreja para Rui eran mayoría... Y la presidenta no quiso contravenir lo que el reglamento dice : que la primera oreja será decisión del público. Y como en el público había algo así como ignorantes que están más por las cabriolas, piruetas y otras sensaciones... aquello se quedó en aguas de borrajas, como se dice en España, aguas de bacalhau, como se dice en Portugal.

En su primero, Rui Fernandes sufrió "el mal del torero que abre plaza". El público estuvo frío y la petición de oreja fue muy escasa. Con todo, la faena de Fernandes fue convencional -digamos así- nada del otro mundo, aunque muy aseada y certera. Donde muy injustamente no se le valoró bien fue en su gran faena al peor toro de la corrida, ante el que mostró el cavaleiro portugués compromiso, saber estar, técnica envidiable, gran oficio para dar la vuelta a un toro infumable y un muy buen dominio de los caballos. Lo que hizo tuvo enorme mérito. Pero está visto que eso, hoy en día, no interesa a los públicos, a cierta parte de los públicos, la parte que no supo ver en Sevilla que lo de Fernandes en su cuarto toro fue una reivindicación por todo lo alto de lo que es y debe ser el Toreo a Caballo : autenticidad.

La apariencia -que engaña- parecía hacer ver que el segundo toro iba a apretar al caballo ‘Nazarí’, de Diego Ventura. Ilusión óptica fue. El toro acabó facilitando y así Ventura, con la enorme experiencia del caballo estrella, clavó tres banderillas interesantes en las distancias cortas. Con ‘Bronce’ hizo la reverencia o rodilla en tierra en varias ocasiones en las cercanías, muy cercanías del toro. Después, le quitó la cabezada y acto seguido ‘Bronce’, en todo esplendor de su show, hizo como que le daba dos bocados al toro... lo que encantó a determinado público. Cerró con ‘Guadiana’ para colocar tres cortas con reunión e intentar un par a dos manos, cayéndose una banderilla. Vinieron luego los 5 pinchazos a la hora de matar...
Al quinto lo paró Ventura sobre ‘Joselito’ y para que no se le parase el toro optó por poner solamente un rejón de castigo. Con el caballo ‘Fabuloso’ conectó con los tendidos galopando "a dos pistas" como dicen España. No faltaron piruetas y otros alardes, exhibición de gran doma de los caballos permanentemente. Con el equino ‘Lío’ completó lo anterior. Para cerrar, optó por ‘Guadiana’ y ante el ya inmovilismo del toro, colocó tres banderillas cortas al violín. Vino luego el final... otra vez deslucido y voló la oreja...

Guillermo Hermoso de Mendoza tuvo una actuación un tanto dispar en su primero, un toro en la línea de lo descrito en la parte central de esta crónica. Guillermo clavó un rejón de castigo citando al toro en la distancia. Con ‘Ecuador’ colocó una primera banderilla al quiebro para insistir en las batidas al pitón contrario, recordando en algunos momentos la técnica de su padre, pero también con alguna que otra ocasión fallida. Subido en el caballo ‘Ilusión’ las cosas mejoraron algo. Cerró encima de ‘Esencial’ en turno para las rosas entrando por los adentros y el complemento de cortas. Como mató de un rejonazo certero y el público ya estaba en fase de espabilados a esas alturas de la corrida, acabaría por pasear la primera oreja de la tarde por el ruedo maestrante.
Ya en el que cerraba plaza, Guillermo Hermoso de Mendoza supo ver la tendencia a cierta mansedumbre que el toro mostraba de salida, quizás por eso y montando a ‘Jíbaro’colocó solo un rejón "de castigo"... le sobraba al toro ya eso, hasta parecía rajadito después, pero enrazado en murubeño, el toro teatralizaba bien, como cuando protagonizó un par de galopadas aparentando cierto celo siguiendo al caballo ‘Berlín’. 
No tuvo Hermoso problemas para clavar hasta cuatro banderillas de forma fácil. El chaval tiene ya aprendido el oficio, está rodado de sobra y... con un toro ad-hoc (y además nhoc-nhoc) era todo cosa de no fallar con el rejón de muerte al final. Se adornó entonces con el equino Justiciero’ tratando además de transmitir cierta emoción al colocar las cortas por los adentros y fue muy aplaudido entonces. Llegada la hora final, Hermoso colocó un un rejón muy efectivo que acabó por convencer a una gran mayoría del público y a la presidenta, de modo que en la conjunción de ideas público-palco, aquello le valió al navarro para cortar dos orejas, lo que sumado a la orejita del tercero de la tarde equivaldría a recibir la llave para abrir la Puerta del Príncipe.


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tribuna da tauromaquia 
by EUGÉNIO EIROA
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