Evocación) Pepe Cáceres, el diestro colombiano que murió 27 días después de una cornada que le atravesó un pulmón

 

Un texto de divulgación de la ONG Cultural Joselito"El Gallo"

José Humberto Eslava Cáceres, más conocido como Pepe Cáceres fue un matador de Toros Colombiano nacido en Honda el 16/3/1.935.
Durante su infancia y el inicio de su adolescencia estuvo más inclinado al mundo del Fútbol que al toreo, hasta que en 1949 presenció una corrida de toros y decidió seguir los pasos taurinos.
Sus primeros años los hizo en el campo, hasta llegar a Manizales, donde, como lo reseñó LA PATRIA en el 2013 (ver: Bit.ly/PepeCaceresLP), se hizo amigo de algunos carniceros quienes le permitieron al joven José capotear algunas bestias en la vieja central de sacrificio del barrio La Avanzada.
Con algo más de tiempo y edad, llegó a la mítica plaza de toros El Soldado, donde comenzó a presentarse como Joselito Eslava. Su nombre figuraba entre la exigente afición manizaleña, que gustaba verlo torear con el arrojo que brotaba por sus venas tolimenses.
El 12/8/1953 debutó en público en la plaza de toros de Manizales, alternando con el rejoneador portugués Alberto Luis López y con el espada colombiano Ramón Rodríguez.
El debut con picadores fue el 29/10/1953, en Bogotá, Alterna mod con Humberto Flores, Luis De la Cruz y el rejoneador portugués Alberto Luis López.
Hizo su presentación en España el 10/4/1955 en la plaza de toros de Málaga, alternando con Juan Antonio Romero y Limeño, con reses de José de la Cava, resultando herido de gravedad en el muslo derecho.
Este mismo año de 1955, en su primera temporada en tierras Españolas, participa de diez novilladas con gran éxito.
Recibió la Alternativa en Sevilla el día 30/9/1.956 en la única corrida que se celebró por San Miguel, con toros de Joaquín Buendía, actuando como padrino António Bienvenida quien le cedió la muerte del toro “Secretario”, siendo testigo José María Martorell.
La confirmación en Las Ventas se produjo el 1/5/1958 con el toro de nombre “Saltador” de la Ganaderia Clemente Tassara, siendo su padrino Rafael Ortega Padrino, siendo testigo António Chenel “Antoñete”.
Su vida taurina fue cuesta arriba desde entonces. También llegaron tardes difíciles para él, en plazas donde era querido como un ídolo por la afición como Manizales o Bogotá. Sin embargo, su capítulo en España siempre quedará inconcluso y sujeto a especulaciones.
“Él tenía un carro en España que lo había dejado al cuidado de una pareja de amigos y su hijo tomó el coche sin licencia y tuvo un accidente donde murió, y el responsable directo era mi papá, por lo cual no pudo volver a torear a España, pues si volvía lo metían preso”, explica por primera vez su hija Adriana Eslava a Papel Salmón sobre este episodio.
A su regreso a Colombia recorrió -como si se tratara de un circuito- la geografía donde había afición taurina. Por ello, se llevó su pedagogía del toro a plaza de todas las categorías, como la misma donde dio su último lance. “Más allá de recibir la ovación, a él lo que le importaba era que la gente descubriera lo que es el toro”, agrega Adriana, la mayor de las hijas de Pepe Cáceres.
Su confirmación en la Plaza Mexico, tuvo lugar el 8/1/1961 teniendo como padrino a Juan Silveti (hijo) y como testigo a Jorge “Ranchero Aguilar” con el toro “Colibrí” de La Laguna.
El 22/2/1976, en Bogotá, logra un sonado éxito lidiando toros de El Aceituno (oreja y oreja), aunque recibió una grave cornada de su 2º en el triángulo de Scarpa del muslo izquierdo.
El 20/7/1987, en la plaza colombiana de Sogamoso, compartiendo cartel con Antonio José Galán y el rejoneado Darío Chica, el diestro fue prendido al entrar a matar al toro “Monín”de la Ganaderia de San Esteban, recibiendo una tremenda cornada que le atravesó el pulmón derecho, y le fracturó el esternón, así como las costillas anteriores y posteriores.
Fue Trasladado al hospital de Bogotá, donde falleció el 16/8/1987 a causa de las heridas.
Pepe Cáceres fue el torero por excelencia de la ciudad de Manizales, en ella se hizo maletilla, novillero y torero.
Actuó en 57 corridas de 25 Temporadas Feriales, donde obtuvo 4 Trofeos Oficiales de la Feria de Manizales, (la famosa réplica de la Catedral) en los años: 1958-1959-1962 y 1968, según datos proporcionados por Vicente F. Arango Estrada, estadígrafo taurino de las 62 Temporadas y miembro del Centro de Historia de Manizales.
Se le considera uno de los más grandes toreros que ha dado Colombia y su primera figura taurina de ámbito internacional.
Destacó en el manejo del Capote, pero su dificultad para matar fue siempre su mayor limitación profesional.
El lance conocido como Cacerina para acercar el toro al caballo en el momento de ser picado, fue creación suya.
Además de un gran torero, Pepe Caceres también fue un hombre comprometido con los más necesitados, como demuestra cuando Decenas de personas se quedaron sin hogar y sin sus seres queridos el 26/10/1965, cuando la quebrada Sacatín de Manizales, al occidente de la ciudad, se creció y generó un deslizamiento de grandes proporciones. Su salida de cauce provocó lo que se llamó después la tragedia del barrio El Triunfo, una invasión urbanística caída en desgracia y que conmovió al país. Semanas después, en una decisión histórica, el diestro Pepe Cáceres se encerró solo ante toros de doña Clara Sierra, en una corrida de beneficencia para los damnificados de la tragedia de esta vecindad.
De allí que su incalculable amor al prójimo llevara a la creación de la urbanización Pepe Cáceres, en la comuna Universitaria (9) de Manizales, donde se reubicaron quienes perdieron parte de sus vidas en El Triunfo.
Otro gesto digno de reseñar fue cuando la Catedral Basílica Metropolitana se vio afectada por los múltiples terremotos de la segunda parte del siglo pasado, Pepe Cáceres también ofreció su ayuda mediante el espectáculo taurino para donar las ganancias en pro de la reconstrucción de las estructuras más afectadas.
Lugar donde hoy, descansan las cenizas del diestro tolimense que reposan en su cripta.
En el 30 aniversario de la muerte de su Padre, Adriana Eslava publicó el siguiente escrito:
Hoy se conmemoran los 30 años del día en que mi Padre, sufrió su cornada mortal. Muchos no entenderán su profesión, su vocación...
Hace un tiempo escribí esto que especialmente hoy, quiero compartirles.
Hablarle hoy a una generación que difícilmente entiende lo que es el mundo del toro y hacerlo sobre un hombre que hace treinta años entregó su vida en una pequeña plaza, aún cuando era la máxima figura… no es tarea fácil.
Cómo explicar, en pleno siglo XXI, que existe un arte donde la pasión es el cimiento, en el cual la fuerza bruta de una bestia se entreteje, en un lenguaje único, con los silencios de un hombre que busca descifrar, entender, enamorar y llevarla a la gloria, siendo rodeados por un público que es tan sólo un espectador de esa intimidad irrepetible, inquebrantable y mítica.
Y trataré de hacerlo porque quienes venimos con estos genes en el cuerpo, tarde o temprano nos mueven el alma, y nos vemos en el compromiso de hacer entender, que más allá de un simple espectáculo, brutal para algunos, es una forma de expresión del arte, de sacar en un ruedo lo que otros en un papel, en un lienzo o en una partitura.
Ser torero, es ser de una casta distinta… Poder vestir como el más delicado de los bailarines y tener el valor del más grande guerrero, pero a la vez, poseer la inteligencia de un sabio para entender, a través de una mirada, la realidad del encaste que espera tenga su mejor amigo, el toro.
Un torero es distinto, porque todo ser humano le huye a la muerte, pero él no. Él juega con la muerte, para amar la vida. La muerte es su constante, su compañera, el peligro es su lenguaje; y es que ese llamado lo lleva muy dentro y nada diferente a estar frente a un toro, es capaz de acallarlo. No es el peligro por sí mismo, es el resultado de enfrentar un animal de 500 kilos, único e irrepetible, al cual ante todo sobre todo se le respeta, se le ama y se busca inmortalizar.
Porque la lidia es eso, un acople perfecto, es poder descifrar el torero los genes que cuidadosamente por generaciones ha buscado el ganadero, para en unos pocos minutos permitir que esa casta, la del toro y la del torero, transformen una lucha irracional en un dialogo perfecto, una perfecta armonía, uno solo, toro y torero…
Y difícilmente podría conocer a un hombre con tanta pasión por este mundo como lo fue mi padre Pepe Cáceres.
Un gran soñador, que siendo muy niño en las calles empedradas de Honda, imaginó torear en España y lo logró: En la Real Maestranza de Caballería en Sevilla, por primera vez un torero colombiano tomó la alternativa.
Con la suficiente tenacidad como para entablillar sus infantiles piernas para que no se doblaran sus rodillas y poder permanecer frente al toro, aprendiendo a dominarse a si mismo y venciendo sus miedos.
Dueño de una elegancia, señorío y gallardía que despertaba admiración y respeto por donde pasaba, dentro y fuera de los ruedos; con un corazón generoso que siempre estuvo presto a torear para ayudar a trasformar realidades económicas dolorosas de quienes buscaban su apoyo; con una disciplina férrea, que le permitió a los 53 años un estado físico sólo comparable con el de un joven soldado que se prepara para la guerra; con la honestidad suficiente para vestirse de luces, por última vez, con el mismo compromiso, ilusión y entrega, que cuando lo hizo como novillero; con el desprendimiento suficiente para enseñar a los que venían atrás, todo lo que con sangre, lágrimas y cornadas, él había aprendido…
Un creador, porque a fuerza de muchas horas de tener el capote entre sus manos, de acariciarlo, de dominarlo, de fundirse en el siendo uno solo, gestó lo que únicamente un maestro es capaz: Crear donde al parecer ya todo esta creado; así nació la cacerina, el lance del Maestro de América.
Y ése, José Eslava Cáceres, fue mi padre.
El que siempre añoraré, y echaré de menos no haber conocido y disfrutado.... La vida misma no lo permitió.
Por su parte, Francisco Eslava, el mayor de los hijos varones del diestro tolimense. Quizás, de sus hijos, es quien guarda recuerdos más lúcidos de la vida de Pepe Cáceres, pues fue su escudero en Campo Pequeño, una finca de pastoreo donde comenzaron a forjar su propia ganadería.
Su trabajo, contrario a lo que muchos creerían, está completamente alejado al mundo taurino. Entre mensajes de mercadotecnia, atenciones corporativas, recuerda reiterativamente la huella que su padre le dejó.
“Mi papá se levantaba a las 4:00 a.m. y siempre tenía libros abiertos sobre toros y ganaderías. Analizaba y tomaba apuntes y aún los conservo. Todos los días iba a la finca a trabajar”, cuenta Francisco. Agrega que su padre también fue su enfermero después de un accidente que tuvo joven cuando estuvo en la Fuerza Aérea Colombiana. “Durante los siete días que estuve incapacitado y en casa, él no fue a la finca, y se dedicó a mí todo el tiempo”.
Continúa hablando de su padre diciendo que era un papá muy cuidadoso, muy serio, pero supremamente dedicado. En su hogar cambiaba pañales y daba teteros. Conmigo era serio, pero nunca lo vi como una persona alejada. Él realmente era Pepe Cáceres y José Humberto Eslava no existía, solo era la cédula. Siempre su carácter, su porte, entrega y profesionalismo era constante y correspondía a Pepe Cáceres.
Además, era un atleta impresionante”, narra Francisco, quien no suele hablar públicamente de la vida familiar de su padre.
Acerca de los conceptos taurinos, Francisco Eslava manifiesta que el tipo de vida de Pepe Cáceres estaba basado en el entendimiento del toro. “Los pases para él y por lo que vi y trató de enseñarme tenían que ser armónicos en cuanto a cuerpo, distancias y velocidad. Él era un ser inmensamente clásico.
Su forma de vivir era clásica y así era su toreo y buscaba que la gente entendiera que no es una barbarie, sino que había arte y también riesgo, y por ello merecían respeto toro y torero”.
Las conversaciones en casa eran pedagógicas y casi siempre estaban enfocadas al mundo del toro. “Por su conocimiento impresionante yo lo veía como un ídolo”, puntualiza Francisco, quien agrega que a veces le parece difícil de entender que fuera a morir joven, sin ponderar su ganadería.
Francisco y Adriana son hijos del matrimonio de Pepe Cáceres y Olga Lucía Botero, ganadora tiempo atrás de múltiples concursos de belleza y participante de los mismos en todo el mundo. Esta fue la primera de tres bendiciones maritales que tuvo el matador de Honda.
Campo Pequeño fue el nombre que le dieron a la vacada que por años crio Pepe Cáceres ayudado por sus hijos y amigos. Por desacuerdos administrativos, Campo Pequeño, como ganadería, hierro y tierra, se fragmentó semanas después de la muerte del torero.
Pepe Cáceres se casó luego con Lyda Zamora y después con la pintora vallecaucana Olga Lucía Vélez. De este último matrimonio llegaron al mundo Manuela, Natasha y Sebastián.
Este último se dejó tentar por el mundo de los toros y por poco decide vestirse oficialmente de luces como propia vocación.
Como las fechas de las múltiples proezas de su padre, Sebastián es puntual en decir que a las 11:55 p.m. del viernes 15/3/1985 llegó al mundo.
Desde muy temprana edad tiene recuerdos episódicos de su padre, aunque esporádicos, pues Sebastián Eslava tenía solo dos años cuando Pepe Cáceres murió.
Sebastián ahora trabaja como actor en televisión y recientemente optó por incursionar en el cine dentro del campo de la producción.
Ahora lidera un proyecto que buscar retratar la vida de su padre a través de una película, donde él se vestirá con chaquetilla y montera para encarnar las faenas de su padre.
Por el corto tiempo en el que Sebastián estuvo en el mundo de los toros se vio seducido a conocer un mundo difícil y complejo, pero que también lleva en la sangre.
Ya en España, aprendiendo a torear, una persona le dijo al menor de los Eslava: “Si Pepe Cáceres viviera, te hubiera enseñado como ningún otro maestro, pero él ya no está y yo te aconsejo que te retires de esto y eso ha sido frustrante”, explica Sebastián.
Agrega además que todavía faltan por contar puntos importantes dentro de la vida del matador y que no se conocen aún, como los distanciamientos que se presentaban con frecuencia, pues Pepe Cáceres debía apartarse por largas temporadas de su familia para cumplir con sus compromisos y presentaciones en las plazas de América.
“Cuando encontré tantas barreras en la vida, entendí el camino que él tuvo que recorrer y me cuestioné si realmente quería hacer las cosas como él las había hecho o si quería todo de manera gratuita. Allí entendí que todo hay que lucharlo y tener perseverancia.
Creo que conociendo la historia de mi papá, cuando me he sentido cansado y rendido, recuerdo todo lo que tuvo que pasar él para llegar hasta donde llegó y eso me ha servido para prepararme para mi carrera como actor”, indica Sebastián.
Luis Bernardo Gómez Upegui, veterano aficionado y presidente de la Plaza de Toros de Manizales, fue gran amigo de Pepe Cáceres.
Resalta que pocos colaboraron como él para las corridas de beneficencia, encuentros taurinos a los que nunca faltó, incluso en 1987, año de su muerte.
“Tenía un amor por su profesión impresionante, tanto así que murió en ella. Era un hombre muy leído, pues tenía una estrecha relación con Álvaro Gómez Hurtado y Eduardo Santos.
Además, con su estilo extraordinario clásico, con una belleza en el manejo del capote llegó a ser uno de los mejores expositores del mundo, reconocido incluso por toreros españoles.
Infortunadamente Pepe perdió muchos trofeos en su vida por la entrada a matar, pero cuando hacía la faena completa, era de exaltar donde se presentara”, explica Gómez Upegui.
Por ello resalta que Pepe Cáceres es el mejor artista que haya visto nacer Colombia. Y es que hablando de arte, al día de hoy se le recuerda a Pepe por el lance bautizado como cacerina en su honor. “Es un pase que él lo llevó a los ruedos.
Se dice que antes pudo haberla hecho otro torero, pero él fue quien realmente la difundió en el mundo”, recuerda este aficionado que nunca ha fallado a la cita anual de toros en Manizales.
A Pepe Cáceres no le tocaban pasodobles. Las bandas musicales de cada plaza le reconocían sus grandes faenas con El bunde tolimense. Incluso, el torero le reclama a Gómez Upegui, asesor de la plaza en ese entonces por no autorizar la sinfonía tolimense, sino el pasodoble Feria de Manizales. "Yo le decía que esta era la tierra que lo había hecho torero y me contestaba que tenía razón", comenta Luis Bernardo Gómez.