Tomás Rufo despertó del tedio a la plaza de Valladolid ante un buen toro de hermanos García Jiménez

Por Jesús López Garañeda / Federación Taurina de Valladolid

Fotos : Juan Fermín Rodrìguez





Una corrida anodina, aburrida, con poca chicha, terciada, impropia y escurrida en los ejemplares lidiados esta tarde de Hermanos García Jiménez, salvada por el último de la tarde noche de nombre «carcelero«, premiado con el pañuelo azul, bravo y encastado, ante el que el torero de Talavera, Tomás Rufo instrumentó una faena vibrante y brillante, plena de torería y decisión, rubricada con una casi entera que tiró patas arriba al ejemplar, recibiendo las dos orejas del Palco que en esta ocasión presidía Pablo Hernández, asesorado por «Cachichi» y pedidas con fuerza por el público vallisoletano.

Tomás Rufo tiene un concepto torero de esperanzada grandeza, poderoso, templado y con hermosura y gusto capotero dando los tiempos al mejor toro, con creces, del encierro que cautivaron al respetable, deseoso de aplaudir, premiar y ovacionar a los diestros toreros que acuden a su plaza. Sin embargo en esta ocasión hay que decir que el hundimiento del coso vallisoletano, distinto y distante de otros recordados y felices tiempos, con un palco generoso en exceso, como la primera oreja concedida al torero de Pepino corrido en tercer lugar que rechazó el mismo torero, por injusta, al no dar la vuelta exhibiendo el trofeo, y dárselo a uno de los subalternos. No había estado demasiado fino en su trasteo de faena finiquitada con una estocada caída al «almendrito» de Olga Jiménez. O las cuatro orejas al peruano Andrés Roca Rey por faenas más frías que cálidas y poderosas. Eso sí con arrimones incluidos que no dicen demasiado de la esencia torera que atesora el diestro peruano.

Y Morante de la Puebla, el gran Morante, al que animaron los espectadores en su trasteo para después silbarle tras la muerte de su primer toro y silenciarle tras lo hecho al cuarto estuvo fuera de lugar, sin convicción, y además sin conseguir una estocada con cierta decisión. Pinchazos varios, un sartenazo infame y cinco descabellos acabaron con «veraneante«, un toro sin culata, escurrido y con presencia más de novillo que de toro, pitado en el arrastre. Ante el «carcelario» de Olga Jiménez parecida faena, perdiendo además los avíos y que en su descargo figure tal vez el haberle picado excesivamente trasero con lo que el animal quedó inválido para arremeter la muleta del diestro sevillano. Faena anodina, nada entre dos platos, Morante llegó, vio y no convenció ni toreó ni mató sus toros en Valladolid pasando un Rubicón excesivamente duro, aceptado por el respetable con su silencio.

Roca Rey fue el triunfador numérico en esta aburrida corrida de toros, con toros impropios de una plaza como la de Valladolid a la que los aficionados apreciaban y que hoy casi han aguantado estoicos lo poco que han hecho los toreros, premiándoles con demasiada generosidad como las cuatro orejas con que regalaron a Roca Rey por sus faenas encimistas. Una de ellas empezada de rodillas y otra cerrada y demasiado larga por ambos pitones que se dejaba tocar los alamares, sabiendo la bondad del toro.

En fin, y por no cansar. La plaza de Valladolid debería recuperar un prestigio perdido, pero eso es labor didáctica y educativa y en estos momentos no hay nadie que sea capaz de mostrar el camino, educar al público y premiar las faenas en base al temple, al mando y al parar la embestida de un toro bravo, en lugar de a los gritos y abucheos de espectadores. Pero eso, en esta feria de San Pedro Regalado, los regalos en forma de donativo han sido notorios, sin mérito alguno para merecerlos por todos cuantos han intervenido. Menos mal que un joven torero de la provincia de Toledo cerró la feria con poderoso temple y media estocada efectiva.

Eso sí la foto de la salida a hombros da sensación de un triunfalismo que no conduce a casi nada. Pero así están las cosas mientras la emoción sigue por los suelos y todos se preguntan por qué no se llena el coso con estas grandes corridas en el anuncio del reclamo.

PLAZA DE TOROS DE VALLADOLID

2ª de la Feria de San Pedro Regalado. Tres cuartos de plaza.

Antes de romper el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria de Clemente Castro «Luguillano» y el asesor Ignacio Hernández «chimenea». Sonó el himno de España.

Tres toros de los Hermanos García Jiménez, uno de ellos bravo, premiado con el pañuelo azul y tres de Olga Jiménez, terciados, escasos de fuerza, flojos y nobles, pitados en el arrastre, para

Morante de la Puebla, Pitos y silencio.

Roca Rey, dos orejas y dos orejas.

Tomás Rufo, oreja  y dos orejas.