Santa María la Real de Nieva) Una plaza con hermosa historia popular abandonada a su suerte



Por Jesús López Garañeda / Federación Taurina de Valladolid

Fotos : José Fermín Rodríguez.

Hay tantas cosas que se dejan de lado y caen por su peso en el ostracismo, en la desidia de sus gentes y el abandono que luego, cuando vienen las lamentaciones, ya es demasiado tarde para salvar lo insalvable.

El domingo estuvimos cubriendo la información de la novillada con picadores, organizada por Emilio de Frutos, en la localidad segoviana de Santa María la Real de Nieva. Se celebró, como todos los festejos taurinos, en los Noques que ese es el nombre del popular lugar.

En nuestra Comunidad autónoma de Castilla y León hay lugares de encanto, donde siempre se corrieron toros. Claro ejemplo son los múltiples recintos serranos en tierras de Salamanca en donde destaca la «Ancianita» de Béjar, esa a la que el Consejero actual de Cultura, Gonzalo Santonja, canta con merecimiento y orgullo. Otro de los ejemplos salvados para la posteridad y con una decidida intervención genial, plausible, hermosa y digna es el de la Plaza junto al teatro Latorre de Toro, el coso más bonito de todos cuantos alardean de historia taurina, salvado por la gestión de un alcalde inolvidable, Jesús Sedano, allí en la ciudad de Doña Elvira que se empeñó en el rescate y que lo hizo posible con la Junta de Castilla y León y la ejecución de la empresa Yáñez.

En este sitio de los Noques en Santa María la Real Nieva se levanta la plaza de pizarra construida por su gente allá en el siglo XIX, con esfuerzo, con trabajos, con decisión, con cariño y con respeto a la tradición popular segoviana, cuna de toros y comuneros, dulzainas y tamboriles, sentido hospitalario y amor por su pasado. Un coso taurino con ruedo perfectamente reglamentario, pero que se está degradando paso a paso y día a día, sin que nadie levante la voz y se ponga al frente de su recuperación total.

Hoy día las modas y las disputas antitaurinas, en la que los políticos gustan de meter su ideología, como si los toros entendieran de esas arbitrariedades, no generan simpatía entre la gente, tampoco entre los dirigentes que lo ven como un desafecto y olvido más que como una reliquia del pasado merecedora de conservación, apoyo, sustento y salvaguarda.

La Plaza de los toros de pizarra y piedra de Santa María la Real de Nieva sí que merece una atención primordial y decidida, sin miedo ni cortapisas, que deberían pedir con mayor interés y fuerza su propia gente, sus vecinos, sus naturales a quienes tienen responsabilidad gobernante. En estos sitios es donde el fomento de la fiesta, pues son sus raíces de nacimiento, debería hacerse mayor y mejor realidad.