Falleció Clemente Castro «Luguillano Grande», el torero de los dos pañuelos.

Por Jesús López Garañeda / Federación Taurina de Valladolid.

Muere Clemente Castro «Luguillano Grande», el torero de los dos pañuelos.

Clemente, con su hijo Jorge

Clemente y su hijo David Luguillano saludan a El Chano, en Ajalvir, un día de toros.
Foto: FERMÍN Rodríguez )

Con una edad más que cumplida, ha fallecido el diestro vallisoletano «Luguillano Grande», en Cubillas de Santa Marta a los 90 años de edad. Su entierro será en su localidad natal, Mojados, de donde desciende esta estirpe torera vallisoletana de los Luguillano.

Clemente Castro Sanz ha entregado su alma a Dios dejando viuda, Ana María, y tres hijos, Jorge, David y Ana a quienes enviamos el testimonio de consideración y acompañamos en el sentimiento desde el Consejo de Gobierno de esta Federación Taurina de Valladolid.

Su vida alrededor del mundo de los toros marcó toda una época y, cuando dejó la profesión se dedicó a la organización y apoderamiento de sus vástagos que también sintieron el ansia torera por esta bellísima vocación.

Afable siempre conmigo cuando nos veíamos en alguna plaza o en actos públicos, le recuerdo siempre como el torero de los dos pañuelos, los cuales ondeaba con fuerza, uno en cada mano, tras las faenas de David Luguillano a toros o novillos, pidiéndole las orejas a la Presidencia.

También fue empresario taurino con anécdotas inolvidables como la sucedida en Fuentesaúco cuando participaba en la fiesta de toros junto a Simón Caminero. Los del Ayuntamiento saucano habían pedido con fuerza una vaca lucera para correrla los mozos y las que tenían en toriles eran todas negras. Clemente solucionó el asunto, junto a Simón, pintando un gran lunar en el testuz del animal con spray blanco. Los ediles municipales al verla dijeron que esa era la vaca que debían soltar, la lucera, la lucera.

Lo malo fue, y aquí termina la anécdota, que la vaca brava endilgó a un mozalbete vestido con camiseta negra y al darle el golpetazo dejó el lunar marcado en la espalda del muchacho, descubriéndose la acción, aunque ya era tarde para remediarlo porque todos decían en Fuentesaúco: La vaca del lunar, es la más brava de todas cuantas ha traído el señor Clemente.

En fin. Cosas de este mundo taurino que llenarían páginas y páginas de anécdotas e historias de la vida de una persona buena, afable y que puso siempre su vida al servicio de la Fiesta de toros. Y eso es de agradecer.

D. E. P. Clemente. Que la tierra te sea leve y gracias por tu vida.