Emilio de Justo fue a Madrid dispuesto a todo

 In "Del Toro al Infinito")

Emilio de Justo fue a Madrid dispuesto a todo

Por Rafael Comino Delgado
Foto : Andrew Moore / "Del Toro al Infinito"

El gravísimo percance sufrido, da mucho que pensar sobre la realidad del toreo, sobre la dureza del toreo, sobre lo extremadamente difícil que es llegar a ser figura, y el enorme riesgo que se corre poniéndose delante de un toro. Como decíamos, el percance ha sido gravísimo, pero aun así hay que dar gracias a Dios porque pudo ser mucho peor; recuérdese el caso de Julio Robles.

Emilio de Justo era figura del toreo antes del pasado Domingo de Ramos, y después de esa fecha sigue siéndolo. Y lo era por el número de corridas que ha venido toreando, por las condiciones en que las ha toreado por, los carteles en que ha estado, por los muchos triunfos logrados, porque el pasado año abrió dos veces la puerta grande de la primera plaza del mundo y porque es buen torero. Sin embargo creemos que había, y tal vez habrá, algunos que no le reconocían suficientemente ese nivel, y quizás por ello quiso demostrar que sí es figura del toreo, y decidió hacer una gesta de verdad, no una gestita, y encerrarse con seis toros, pero toros, toros, en Madrid. A Madrid fue dispuesto a todo. Desde que se abrió de capote demostró, se vio claramente, que estaba dispuesto a triunfar o triunfar, costara lo que costara. Solo hay que ver como estuvo en el toro de Pallarés, ¡enorme!, y también ver como se tiró a matar. Él sabe que ha perdido triunfos grandes, precisamente por la espada, en diversas ocasiones, y esa tarde venia decidido a que ello no se repitiera, por eso entró derecho como una vela al hoyo de las agujas, y despacio para no fallar. No falló, pero se llevó un volteretón. Bueno, en el toreo cuando se está tan de verdad estas cosas pueden ocurrir y ocurren. Sabemos que las cosas son así, y los primeros que lo saben son los profesionales que se ponen delante.



El gravísimo percance sufrido, da mucho que pensar sobre la realidad del toreo, sobre la dureza del toreo, sobre lo extremadamente difícil que es llegar a ser figura, y el enorme riesgo que se corre poniéndose delante de un toro. Como decíamos, el percance ha sido gravísimo, pero aun así hay que dar gracias a Dios porque pudo ser mucho peor; recuérdese el caso de Julio Robles.

Cuando se levantó de la voltereta nos tranquilizó que movía perfectamente brazos y piernas, pero llamaba la atención que se quejaba mucho del cuello, lado derecho. Generalmente los toreros no suelen quejarse de los dolores, o lo hacen muy poco, hasta el punto de que, como dice un buen amigo, “los futbolistas simulan el dolor y los toreros lo disimulan”.

A ese toro le cortó una oreja, pero teniendo en cuenta como salieron los cinco toros restantes es presumible que de no haber ocurrido lo que ocurrió esa tarde hubiera salido de Madrid encumbrado en gran figura del toreo, vista la decisión con que estaba.

En una décima de segundo se puede pasar de la gloria al hospital, como ocurrió en este caso; y ahora que ya ha salido del hospital, a esperar una recuperación que se prevé lenta.

Ahora no vamos a hacer pronósticos de cuando volverá a los ruedos, lo importante es que se recupere totalmente, y pronto le veamos de luces.

No pudo completar su gesta, aunque en el futuro habrá, Dios mediante, ocasiones para volverla a intentar y consumarla. Para mí ni hacia ni hace falta tal gesta para considerarle figura del toreo por los muchos méritos propios, por haber tenido que recorrer un larguísimo camino en el que no le pusieron las cosas fáciles, sino todo lo contrario. Tuvo que demostrar una y otra vez la clase de torero que es, y tuvo que ser Francia quien nos lo descubriera, como ha pasado con otros, porque aquí no le daban la oportunidad.

Yo no le había visto mucho, pero en agosto de 2015 tuve la suerte de verle en Hervás (Cáceres), cuando se encerró con seis toros y cortó seis orejas, dos de ellas a uno de Victorino. Obviamente no estaba lo toreado que está ahora, no tenía la madurez que tiene ahora, pero ya se vislumbraba el torero que ha llegado a ser, para lo cual ha pagado un duro tributo. Seguramente que él dirá: ¡Ha valido la pena!