Dejen en paz a Emiliano Gamero. Déjenle torear; a su manera, pero déjenle torear

Emiliano Gamero partiendo plaza, en la México, con Diego Ventura

Emiliano Gamero debutó en el fin de semana, en Redondo, en el Festival celebrado en aquel Coliseum. Gamero es un rejoneador mexicano que actúa vestido de charro, que dice sentirse charro y que habla del Toreo como un profundo sentimiento. La Tauromaquia de Gamero está basada en mucha exhibición del caballo, piruetas, acrobacias, postureos, caballazos... en fin, parte muchas veces hacia lo circense aunque no se olvide que enfrente tiene un toro. Y hay -inegablemente- públicos a los que esto les gusta.

El otro día, tras el Festival en donde el rejoneador mexicano -además- tuvo la desgracia de que uno de sus caballos -no sé si propio o prestado- se rompió una pata, hubo de ser operado y ha quedado inútil para el Toreo... apareció en escena cierto personaje a emitir juicios de valor sobre Emiliano Gamero como torero a caballo, poniéndolo más bien de ajo-perejil que otra cosa.

No se sabe si la despellejadora de turno lo hacía por la acción apresurada de juzgar lo que vio -lo poco que puede verse en un festival, con un solo novillo-toro y el jinete en acción en tarde desgraciada-, o porque el apoderado de Gamero olvidó llamarla para insertar por ahí alguna publicidad sobre "la revolución".

Andan ciertos(as) falsos(as) puristas alborotados ya, a las primeras de cambio, con la presencia de Gamero en Portugal. Con un solo novillo-toro por medio... y ya están largando. ¿Molesta que el mexicano intente hacer temporada en Europa?. ¿Molesta a alguno(a) que no toree como ellos quieren?. 

A este tipo de crítico(a), curiosamente, no le suele molestar que el hijo(a) de un señor pudiente haga "carrera" en la Tauromaquia portuguesa, aunque sea un(a) ignorante taurino(a), cabalgue a lomos de caballos ya aprendidos y comprados a precio de oro por su padre y... acabe por fingir lo que realmente no es. Este engaño, que se ha dado con alguna frecuencia en la historia de la Tauromaquia portuguesa, no suele molestar a ese tipo de crítico(a) del que hoy hablamos.

Tragan por el hijo(a) del señor pudiente, pero no tragan por el tal Emiliano. Habría que preguntarse : ¿realmente, por qué?.

Dejen en paz a Emiliano Gamero. Déjenle torear; a su manera, pero déjenle torear. Y si después de cuatro o cinco corridas, fuese de ridículo en ridículo, estén tranquilos, que si no llevase público a las plazas, casi ningún empresario se atreverá a meterlo en sus carteles. El Toreo tiene esta grandeza, que a los toreros que no valen, como sucede con los hijos de los pudientes que tienen el caprichito de ¡papá yo quiero ser cavaleiro...!, tarde o temprano, la Tauromaquia los arrincona por si misma. Y también porque tarde o temprano, el padre constructor y pudiente acaba por decirle ¡anda, nené, dedícate a otra cosa que ya me has costado un ojo de la cara!.

EUGÉNIO EIROA