20 años después, algunos se empeñan en ir camino de la insignificancia...

Foto de Corwin Prescott, in "Brave"

Los tiempos cambian. Y no siempre para bien...

Hace años -20 ya-, cuando nos embarcamos en promover aquel "Naturales // Correio da Tauromaquia Ibérica", eran tiempos en los que existía un fascinio por el correio electrónico... Todo se transmitía por e-mail : fotos, carteles, notas de prensa, cambios de impresiones...

Entonces, a la Redacción que dirigíamos, del "Naturales", llegaban semanalmente docenas de correos electrónicos, mensajes, uno tras otro, de apoderados de cavaleiros y toreros, de empresarios, de taurinos de la más diversa condición... Uno examinaba aquello que se recibía, seleccionaba, trasladaba luego a la web lo que estimaba noticia, etc. etc. etc. No dejaba de ser parte del material de trabajo que habitualmente se manejaba.

Ahora, 20 años después, cuando nos embarcamos en promover esta "Tribuna da Tauromaquia Ibérica", nos encontramos con que aquel mundillo descrito en el párrafo anterior, de verdadero culto y fascínio por el correo electrónico, los e-mails, si no ha desaparecido, ha quedado reducido al solo cuando no hay más remedio, salvo muy honrosas excepciones -que ojalá duren mucho en el tiempo-.

Hoy, 20 años después, una mayoría de los cavaleiros, los toreros, los apoderados, los empresarios taurinos... han trasladado su fascínio de antaño por el correo electrónico a la actual adoración -por momentos incluso ridícula- hacia las redes sociales : facebook, instagram, twitter... Y ahí se han instalado y de ahí no les mueves. 

¿Para qué voy a molestarme en enviar e-mails con contenidos míos a los medios de comunicación, a las webs especializadas en lo taurino...?, ¿para qué? : me abro una cuenta en el Facebook, me pongo allí las fotos que a mi me gustan, digo allí unas cuantas cosas -chorradas incluidas en algunos casos- y si quieren saber de mi, que vayan todos, incluídos los periodistas, a ver qué digo, qué se me ocurrió hoy, que se me antoja decir mañana... Y ya está, ya no tengo que enviar e-mail alguno a Fulano, Citrano, Mengano.

Hoy se funciona así -vuelvo a insistir : salvo en honrosas excepciones-; y así se creen algunos que ya está todo hecho, que ya todo se hará y dirá, de acuerdo a lo que "en la página oficial" se diga... Están en un craso error. Pero... tardarán años en caerse del burro. 

Una cosa es perfectamente compatible con la otra. Y es que las redes sociales son para lo que son. Y el correo electrónico -un formidable invento- es para lo que es. Y se puede y se debe estar en lo primero, en las redes sociales; sin tener que abandonar, o casi abandonar lo segundo. Porque aunque el Facebook, el Twitter, permitan mensajes privados entre quienes por allí andan, nunca debe desvalorizarse, nunca debe de dejar de utilizarse el correo electrónico para una adecuada comunicación entre personas, empresas, artistas, periodistas, comunicadores...

Reducir la conversación entre personas a las redes sociales -a veces ya ni siquiera a la mensajería que las redes permiten- es instalarnos en el absurdo, en el ridículo absurdo que a parte alguna conduce, salvo al culto a la ignorancia, a la soberbia, al desdén al fin y al cabo.

Quien quiera meditar sobre lo que decimos, que lo haga. Quien quiera seguir instalado en esta vorágine, ándese con cuidado, porque la modernidad que cree interpretar puede acabar convirtiéndole en una insignificancia. ¡Quien sabe si, a lo mejor, lo que realmente ya son algunos : una insignificancia!