Festival y lleno en Manizales) Roca Rey indulta un toro y el niño Marco Pérez pone la plaza boca abajo

Roca Rey indultó el toro que le tocó en suerte, de la ganadería de Ernesto Gutiérrez. El niño-prodigio, Marco Pérez, cortó las dos orejas del novillo que tuvo enfrente. El festival taurino nocturno de la Feria de Manizales fue un rotundo éxito. Al final, fue el maestro César Rincón quien subió a sus hombros al jovencísimo Marco Pérez que encantó a la concurrencia y salió por la puerta grande, como Roca Rey quien junto al niño salmantino fueron los máximo triunfadores de una noche también para el recuerdo en la ciudad colombiana de Manizales, con abarrote en las gradas de la histórica plaza cafetera.

Roca Rey indultou, cortando duas orelhas simbólicas, a um toiro da ganadaria de Ernesto Gutiérrez. Com ganado da mesma ganadaria : El Juli (silêncio); Emílio de Justo (orelha); José Arcila (volta); Juan Ortega (silêncio com dois avisos); David Martinez (silêncio com dois avisos) e Marco Pérez (duas orelhas).

In "Del Toro al Infinito")

MANIZALES / 5ª DE FERIA - FESTIVAL. 

Roca y Marco desquician la noche 

Por Jorge Arturo Díaz Reyes


Marco Pérez sale de la plaza de Manizales a hombros de César Rincón.      (Foto: Camilo Díaz)

Ante un entradón, Roca Rey indulta y recibe dos orejas simbólicas, Marco Pérez corta dos, De Justo una, Arcila da vuelta al ruedo y El Juli, Juan Ortega y David Martínez terminan silenciados.

Por Jorge Arturo Díaz Reyes
Crónica Toro / Manizales-Colombia.

Con Marco Pérez a hombros de César Rincón, seguido por todos los actuantes y en medio de una plaza enloquecida terminó el festival nocturno, que tuvo hasta hoy la mayor entrada de la temporada colombiana. Un embestidor encierro de Ernesto Gutiérrez, los primeros cinco cuatreños, el sexto utrero y el séptimo eral, sirvió de base para un espectáculo en el cual las dos últimas faenas desquiciaron La Monumental.

La noche que transcurría sin grandes acontecimientos, reventó cuando al saltar el sexto Roca Rey lo recibió con cinco verónicas, dos chicuelinas y una larga extralarga pinturerísima. Luego quitó por gaoneras y fregolina, y tras brindar al público se hincó de rodillas y se pasó los pitones en tres cambiados por la espalda y tres por el pecho enhebrados con una tanda derecha exquisita. Lo que siguió fue todo lo que se pueda imaginar hacer bien a un animal que no paraba de embestir con bravura. Clavado en los medios, temple y mando en línea, en redondo y en círculo, al derecho y al revés, arriba y abajo, a izquierda y derecha… largamente. La locura, el pasodoble excepcional, el indulto, y el llevar el perdonado hasta la puerta de toriles con ligados cambios de mano sin espada. ¡Torero! ¡Torero! a coro y la vuelta, un órdago.

Parecía imposible salir y sobreponerse a eso. Pero el Pequeño Marco Pérez no solo es un niño torero, es un niño figura del toreo. Piensa como tal, se porta como tal, camina como tal y torea como tal. Nada de timideces ni reverencias. Se paró junto al burladero, (atrás no se le veía) y con ademán soberbio pidió la torilero abrir la puerta de los sustos. Apareció un eral bravísimo y lo que pasó de allí en adelante fue un crescendo emocional semejante al que había provocado la lidia de Roca, pero en miniatura. El lomo del Gutiérrez le pasaba por el cuello y él como si nada, pa´llá y pa´cá, imponiendo su personalidad, en toda la plaza y desbordándola. La gente parecía no creer lo que estaba viendo ¡Tan pequeño! ¡Tan sabio! ¡Tan valiente! ¡Tan torero! y dele ovaciones y dele música, incluso tras el desarme, cuando le tocaron el pasodoble de marras. Despreció la petición de indulto, igualó en los medios, puso una estocada total pero caída que bastó; de arriba cayeron las dos orejas, un diluvio de prendas en la vuelta loca. César Rincón, a quien había brindado, salió y se lo echó a los hombros y así salieron en apoteosis, acompañados por los demás alternantes.

El Juli, silenciado tras una sosa lidia de manso, un bajonazo y un descabello.

Emilio de Justo, exigido por un bravo cuatreño le respondió con altura, mató de una estocad recibiendo y le dieron una oreja.

José Arcila, cuajó una gran y exquisita faena que inflamó al paisanaje pero la desairó con una bajonazo. Dio vuelta al ruedo.

Juan Ortega, con un manso bronco solo pudo esbozar una sublime verónica. Pasó trabajos con la espada recibiendo dos avisos.

David Martínez, ganoso y por momentos brillante pinchó dos veces y recibió dos avisos.

El festival que tuvo una gran concurrencia que se lo pasó bomba y salió a torear carros refrenda su tradición de evento preferido de la feria.

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Marco Pérez, otra vez genial...