El recuerdo imborrable de Joaquim Bastinhas, "o cavaleiro do povo"

 



Es la foto del día. Aunque sea de un día de otro tiempo, cuando este hombre, subido a un caballo, alegraba a los públicos con su manera de estar en el Toreo, con su contagiosa simpatía, con su bonhomía indudable. Luego vino la desgracia, el accidente maldito un día cualquiera y fuera de las arenas, del modo más estúpido y casual. Y cuando lentamente parecía recuperarse ya, llegó hace tres años el final desgraciado, otra vez la mala suerte, el contraer lo inesperado y las complicaciones que le llevarían a la muerte, cuando estaba aún en lo mejor de la vida y tanto tenía por hacer y dar.

Días atrás, coincidente con el aniversario de su muerte, recordábamos la figura del eterno Joaquim Bastinhas, cavaleiro impar, figura entre las figuras porque su manera de ser y estar en las plazas le llevó a alcanzar cotas de popularidad más que notables, de tal forma que incluirle en un cartel ya era garantía de arrastre de públicos tras de si. Bastinhas fue en la Tauromaquia portuguesa -como alguno decía- "o cavaleiro do povo" muy especialmente. 

La foto del repórter gráfico José Canhoto, colaborador de la TRIBUNA da TAUROMAQUIA IBÉRICA, entre otras publicaciones de interés, nos resume la permanente apuesta por el desafío que, en su Toreo, Bastinhas practicaba. Desafío de ir más allá siempre en cada momento de una faena, de superarse, de sacar partido -a lo mejor de donde casi no lo había- y culminar con esto, con el célebre par de banderillas, que el público exigía siempre y que, a veces, hasta demandaba fuese repetido porque uno, al estilo Bastinhas, le sabía poco. 

Luego llegaba, casi inmediato, el momento en que -aún montado en el caballo- tras dar una rápida vuelta al ruedo caballo y caballero aclamados, Joaquim culminaba descabalgando sobre la marcha, sin detener al equino, de modo que aquel su salto del caballo hacia la arena iba acompañado con el alzar de sus brazos triunfalmente... suponía una explosión de júbilo por parte del público que, en su mayor parte al menos, se sentía feliz. 

Aquel número final -vamos a llamarle así- en la Tauromaquia de Bastinhas no podía nunca faltar. Y lo realizaba a la perfección, hubiese o no condiciones en el toro que tenía enfrente; el se las ingeniaba para colocar el caballo y el toro en suerte y surgir ahí con una farpa en cada mano, veloz siempre, para en un santiamén poner la rúbrica a su actuación. Tan fácil y tan bien lo hacía que, lo difícil, lo inesperado, era que alguna vez fallase, clavase solo una banderilla; o porque el toro huyese de la reunión, no alcanzase Bastinhas a colocar el par en su primer intento. En ese caso, le faltaba tiempo para volver a la carga y en un segundo intento lograr lo pretendido. Pero... ¡fueron tan pocas veces en su carrera que así sucedió, que resulta -al menos en nuestro caso- casi imposible recordarlo!.

La imagen de José Canhoto, tomada en la moderna plaza cubierta de la Arena d´Évora, tiene el valor testifical en lo que decimos. Bastinhas, ahí, en la foto, dispuesto a culminar en apoteósis, una de sus faenas... ese sería el pie correcto para escribir bajo la imagen.

Que Dios tenga a Joaquim Bastinhas en la Gloria, en la otra Gloria, la más importante, la divina. Porque en la Gloria taurina hace ya mucho tiempo que Joaquim está, por lo mucho y bueno que hizo por la Tauromaquia, por el muchísimo público que siempre arrastró a las plazas donde actuaba. - ( by E. Eiroa / Imagen : José Canhoto