Plaza México) "El gran zambombazo de Antonio Ferrera". Una crónica de Eugénio Eiroa

Crónica de Eugénio Eiroa.

Madrugada en España y Portugal, noche ya cerrada en México. Bajo los focos de la Monumental Plaza de Insurgentes, la Plaza México, la más grande del Mundo y con un entradón de público en las gradas : se vendieron las 40.000 localidades permitidas del aforo disponible, se pudo vivir un momento muy grande del Toreo. Así habrá que decirlo... porque así resultó.

Antonio Ferrera cortó 2 orejas (con fuerte petición de rabo no concedido por el Juez de Plaza -presidente- de la corrida), se pidió el indulto del toro (acertadamente no concedido por el Juez de Plaza), se arrastró lentamente al ejemplar de Bernaldo de Quirós camino del desolladero, con casi todo el público aplaudiendo puesto en pié. Y Ferrera, que había dado una vuelta al ruedo clamorosa tras su espectacular tercio de banderillas, dio otra vez una larguísima vuelta a la arena, tras el final de su faena histórica en la plaza azteca.

El español Antonio Ferrera cortó así dos orejas mientras que los mexicanos Diego Silveti y Diego San Román lograron una cada uno en la llamada Corrida Guadalupana. Morante de la Puebla -que no tuvo suerte con su lote- hubo de conformarse con palmas de agradecimiento a su buena voluntad

Los toros de Bernaldo de Quirós, bien presentados, aunque algunos tuvieron más kilos que trapío como a veces sucede con los toros mexicanos, destacaron primero y quinto por su nobleza, mientras que los de Fernando de la Mora resultaron un tanto descastados y uno de ellos hirió a un banderillero a la salida de la suerte, empitonándole en un muslo junto a un burladero.

En la misma semana en que una comisión de radicales políticos fundamentalistas antitaurinos del Congreso del estado de la capital mexicana pretendió hacer ilegal la celebración de corridas de toros en la Ciudad de México, la respuesta fué contundente : 40.000 entradas, todas, vendidas; 40.000 personas -y más si más entradas disponibles hubiese- fueron (pagando) a decir sí a la Fiesta en esta tarde-noche de domingo, en la plaza más grande del Mundo. ¿Hasta cuando la Tauromaquia tendrá que seguir soportando ser amenazada por la radicalidad, la intolerancia, el sinrespeto, la intransigencia furibunda de unos cuantos políticos iluminados?.  

La faena que Ferrera ofreció a los miles y miles de espectadores que acabaron vibrando al máximo en el coso de Insurgentes fue calificada esta madrugada por algún crítico como "una oferta heterodoxa", "una labor rupturista, tremendista y espectacular"... Sin duda es que algunos no conocen bien toda la trayectoria y modos de comportamiento taurino de António Ferrera.

¿Hubo tremendismo este domingo en la México?. Podría parecerlo en algún momento de la faena de Ferrera, pero somos de los que creemos que ese calificativo no se corresponde a la realidad. Sería mucho más correcto y más justo decir que en la faena de Ferrera hubo momentos de enorme teatralidad. Pero... aunque con la verdad por delante del juego entre la vida y la muerte, ¿que hay en una faena en una plaza de toros, sino -también- teatralidad?. 
Lo que sucede es que Ferrera supo instrumentar muy bien aquello, supo leer en cada instante, en cada momento, el guión que en su cabeza tenía bien pergeñado para el caso de que el toro que tuviese enfrente ayudase. Y así fue... Ferrera saltó a la arena de la México con las ideas muy claras, dispuesto a dar un zambombazo. Y lo dio por todo lo alto, con enorme estruendo. 
Por eso no quiso ni ver aquel toro inicial que le tocó en suerte, que enseguida vio que con las complicaciones que tenía -alegaba Ferrera que el morlaco era reparado de la vista...- no iba a servirle para nada en sus propósitos. Suerte que el Juez de Plaza echó aquello para atrás y la salida luego de "Ayate", el toro de Bernaldo de Quirós que estaba como reserva, permitió a Ferrera hacer una de las faenas de su vida.

Ferrera inició la faena de su gran triunfo con un hondo y variado pasaje con el capote, cargando las suertes por momentos, y comprobó la noble embestida del animal que parecía humillar bien aunque había que encelarlo y meterlo en el cesto. Convencido de que tenía material para la faena espectacular que había diseñado en su pensamiento, hizo un gesto al picador, advirtiéndole de que sería el, el mismo matador, el que se subiese al caballo, tomase la vara y administrase un puyazo, que resultó trasero y algo corrido, después de que el toro -distraído tal vez- demorase en ir al caballo, ante la obsesión de Ferrera de que le fuese colocado lejos, de largo... tarea en la que Morante de la Puebla acabó por ayudar a los banderilleros de Ferrera. 

Tras colocar el puyazo el propio matador, arrojó de modo espectacular la vara de picar contra un burladero, al tiempo que saltaba más o menos espectacularmente desde el caballo para regresar al piso de la arena. El espectáculo estaba presente, la teatralidad continuaba, tras los marcados dibujos hechos en el lancear y torear con el capote en el tercio de salida y, ahora, con la función y todo protagonismo a cargo del propio matador en el tercio de varas. Ferrera había visto claro aquello y a medida que la faena avanzaba, quería para sí todo, absolutamente todo el protagonismo, como así fue y así resultó.

La retransmisión de Unicable nos permitió ver a un Ferrera encendido, pletórico, radiante a medida que los minutos pasaban, por veces emocionado -como en la vuelta al ruedo clamorosa a la que el público le obligó tras el tercio de banderillas-. Porque, amigo(a) lector(a) : Ferrera, este domingo, sí puso banderillas... Vio que tenía material para triunfo clamoroso y no dejó pasar la oportunidad. Tomó los garapullos y con la facilidad y maestría que en el segundo tercio le caracteriza, allá se fue a por el toro tres veces, a cada cual más vibrante respuesta del público, cerrando el tercio con dos momentos también de emoción a tope, al recortar al toro por dos veces, con su propio cuerpo, tras haber provocado casi a bocajarro la embestida del morlaco ya con los tres pares de banderillas enjaretados en su lomo. Fue ahí cuando la plaza, puesto en pié todo el público, exigió a Ferrera que diese la vuelta al ruedo que se iba poblando de sombreros y otros objetos que los(as) aficionados(as) lanzaban.

El toro de Bernaldo de Quirós, siendo noble y sin crear complicaciones, no era la maravilla de toro que parte del público quiso ver cuando al final pedía que se indultase al animal. "Ayate" no solo mostró remilgos a la hora de ir al caballo, sino que había recibido una sola vara y, en el tercio final, en la muleta, se mostró algo deshilvanado en sus embestidas, lo que llevó a Ferrera a salvar ahí la faena tratando -con mérito- de esconder los defectos -o mejor : limitaciones- del toro, disfrazándolo de bueno, cuando no pasaba de aceptable. Por eso a algún listillo, de esos que creen haber inventado la Tauromaquia en sus crónicas periodísticas, este lunes le parecía que Ferrera instrumentó "una faena de muleta inexistente". Todo lo contrario : Ferrera, teatralizando al máximo posible -eso sí- inventó una faena de muleta, sacando todo lo posible, exprimiendo a un toro que no era oro, aunque Ferrera por momentos le hiciese brillar. 

Fue así, en todos los tercios, un toro con remilgos, le faltaba siempre algo, una pizca para tener esa clase que tienen los toros que merecen el indulto. Por eso Ferrera exageró las formas, instrumentalizó al máximo las diferentes partes de su faena, independientemente de la idea preconcebida que, sin duda, el extremeño tenía prevista para intentar dar este zambombazo en la mayor plaza del Mundo, en momentos en que el Toreo está necesitado de faenas de estruendo que la vayan devolviendo al sitio de donde nunca debió salir.

De manera que, siendo así el toro, no era de esperar otra cosa : que también mostrase remilgos a la hora de cuadrarlo para instrumentar la suerte final. Una, dos veces, tres buscó Ferrera cuadrarlo para intentar perfilarse. No pudo llegar a esto último porque el toro seguía mostrando sus tics. No esperó más el torero : si no te cuadras tu, me cuadraré yo... primero se distanció del animal, al tiempo que trató de que el toro no se moviese de donde estaba; y comenzó el torero a dar pasos firmes, espada ya en alto... uno, dos, tres, cuatro, cinco... hasta echarse materialmente sobre el morrillo del toro y hundir el acero; el estoconazo que buscaba Ferrera estaba presente, allí, el toro acabaría por rodar. No fue una suerte suprema hecha al estilo habitual, casi parecía inventada por el torero... pero : ¿dónde está escrito que así no pueda hacerse?.

La plaza fue un clamor, como diría un clásico : un manicomio. Bastantes pedían el rabo... las dos orejas había concedido el Juez de Plaza, pero no fue más allá. Puede que haya sido justo... a la faena le faltaron algunas cosas para ser de rabo. La Plaza México no es precisamente la de Peraleda de la Mata. Pero está claro que al menos las dos orejas son más que justas. Asistimos a un gran espectáculo, al fin y al cabo Ferrera se había inventado de principio a fin, del primer al último minuto, una faena redonda, en su estilo -que no es precisamente el de Curro Romero o Morante de la Puebla-. Y el Toreo, en su riqueza, en su grandeza, lo es maravilloso, precisamente por la variedad de estilos, de tauromaquias que alberga... 
La Tauromaquia de Ferrera es la que permite llevar a cabo una faena exactamente como la de este domingo en la Plaza México. Con otro torero no habría sido así; seguramente que no. Pero la gente este domingo, 40.000 espectadores nada menos, pagó una entrada -y no barata- para ir a ver un cartel donde estaba acartelado António Ferrera. Y de António Ferrera cabe esperar precisamente esto, lo que vimos esta madrugada en el televisor del viejo continente.

Domingo importante para la Fiesta de los Toros. Porque Ferrera dio un zambombazo en la México. Y eso es mucho y... muy bueno, en el actual momento.

Unicable lo ofreció en directo para todo el que lo quiso ver...

Con las ideas muy claras de lo que quería...

Clamorosa vuelta al ruedo tras las banderillas

Ferrera picando

Apretada reunión





Con la bandera mexicana a la espalda

Un brindis triunfal por la inigualable Plaza México