La responsabilidad del aficionado, un análisis de Enrique Martín



Aunque no lo parezca, el aficionado no es del todo una masa a la que se pueda llevar 
de aquí para allá y zarandearla a gusto del poder.

Por Enrique Martín.
"Toros Grada 6")

Es algo sabido y resabido que cuando las cosas se tuercen, unos intentan buscar soluciones y otros se conforman con buscar culpables, que por supuesto siempre son ajenos a ellos mismos. Que se les incendia la casa y la culpa no es que una velita aromática prendiera en las cortinas, sino de los cortineros que no utilizan tejidos ignífugos, como la piedra, el agua, la nada estampada; se les inunda el baño y la cuestión no es haberse dejado el grifo abierto, sino que este no tenía un dispositivo inteligente que o bien cortara el agua o que gritara “¡Te has dejado el grifo abierto, melón!. Que no sé si será condición del ser humano, del carácter hispano o cosas del tan extendido infantilismo, del “señorita, yo no he sido”, pero resulta que esto ocurre también, faltaría más, en esto de los toros. Es más, es aceptado incluso por los que en principio pueden resultar más que afectados de las tropelías y desmanes de los que mueven los hilos de este gran teatro de títeres.

Que ahora resulta que los señores taurinos se quejan de que no se llenan las plazas. Tantas ganas de toros y resulta que el aficionado no se ha tirado en desesperada estampida a las taquillas del mundo. ¡Será posible!...
A ver dónde están esos que clamaban por los toros, porque se abrieran las puertas de las plazas del mundo. Que tenían que sacar los boletos de seis en seis, para que los empresarios y taurinos en general se quedaran a gusto. Eso es lo que deberían hacer. 
Pero un momento, paremos un momentito, no vayamos tan deprisa. Que lo que el aficionado pedía a voces eran toros, que no es lo mismo que reclamar el ir a los toros. Y me explico. Para ver toros es imprescindible ir a los toros. Eso lo entendería hasta… cualquiera. Que eso de ir a la plaza está muy bien, incluso para algunos, muy bien. Que si comidas, copas antes, copas después, macrodiscoteca en las Ventas al finalizar los festejos, pero que no se nos olvide que esto es una gamba en la paella. Que esto no puede ser el motivo, sino que el origen debe ser, debería ser, el toro. Y si se anuncian unos carteles, como los de la feria de Otoño de Madrid, ya puedes dar canapés a la entrada, a la salida y en el medio, que es muy difícil que la gente vaya sin más.

Pero volviendo al principio, no podemos pensar que el aficionado no va porque no tiene palabra o porque no cumple con su sagrada obligación de sacar el abono a costa de lo que sea, a costa de que le anuncien unos carteles más para el gran público y para la gran plaza de la televisión, que para la plaza de Madrid. ¿Qué pretendemos, que cada abonado saque entradas para todo el portal, calle o barrio? Que los que se quejan tanto del no cumplimiento del aficionado con ese sagrado compromiso, podían pararse a pensar y lo mismo es que han puesto una velita encendida junto a las cortinas de la afición o que se han dejado el grifo abierto y ha permitido que la fiesta, nuestra fiesta, se vaya por el desagüe, mientras se buscan culpables a los que cargar el mochuelo de este desmadre taurino.

Que no confundamos los términos, que no es lo mismo querer ver toros, que querer ir a los toros. Que cuando aquellos faltan, lo demás sobra. Que no nos pongamos en modo empresario y pensemos que con los esfuerzos que han hecho para dar esta feria, ahora la afición no responde. ¡Noooo! Quizá mejor pidamos a los que mandan que se pongan por un momento en nuestro lugar. 

Que igual es momento para que pensaran en que han confeccionado unos carteles que no son para Madrid, lo que evidencia su absoluto desconocimiento de lo que es esta plaza, con un ganado que no es que no agraden, es que indignan, con toreros a los que últimamente se les ha querido preparar un triunfo absolutamente artificial, para justificar su contratación. 

Que sería bueno qué pensaran en la forma en que han puesto a la venta los abonos, con colas interminables en el primer momento, quizá no tanto por querer ir a los toros, sino por garantizarse cada uno el poder ir a su sitio de siempre o lo más próximos a él. Sí es verdad que se podían sacar los abonos por internet, pero… A ver, un minuto de reflexión. Si vemos el perfil de gran número de aficionados, mayores, prototipo de eso que llaman la brecha informática, ¿aún esperamos que hagan un curso acelerado para sacar su abono? Personas que a lo mejor tienen sus abonos de temporada, más accesibles, de andanada y que ahora pretendemos que se pongan a enredar por las redes, que paguen la entrada más cara de lo habitual y con el sobrecoste de la gestión. Mucho, ¿no? Y que la no obligatoriedad de sacar el abono les ha hecho ver el cielo abierto, todo sea dicho de paso. Pero claro, si quieren, ellos o quién sea, ir una, dos o cuatro tardes en fines de semana diferentes, se ven obligados a sacar el paquete completo del fin de semana. Todo facilidades. ¿Y todavía la gente se asombra y se indigna porque el aficionado no ha volado a sacar sus entradas?. Pero, ¿estamos tontos?. ¿Tan estúpidos nos creen?. ¿Hasta dónde creen que llegan nuestras tragaderas?. Un poquito de mesura, de sentido común y reflexionemos profundamente sobre cuál es realmente la responsabilidad del aficionado.

Enlace Programa Tendido de Sol del 19 de septiembre de 2021 :
https://www.ivoox.com/tendido-sol-hablemos-toros-del-19-audios-mp3_rf_75649417_1.html
Artículo Anterior Artículo Siguiente