Tras el fiasco de El Puerto) A pesar de los pesares, Morante representa ahora mismo la quintaesencia de la Tauromaquia

Ovación, silencio, silencio, pitos, silencio y silencio. Ese fue el resultado artístico de la tan esperada corrida de Morante de la Puebla, en solitario, frente a toros de Prieto de la Cal, en la plaza de toros de El Puerto de Santa María. Y punto. 

Morante de la Puebla, desmonterándose, tras hacer el paseíllo, en la plaza de El Puerto de Santa María, en la corrida de toros, en solitario, de este sábado

Porque la tarde fue un fiasco enorme, tanto como grande era la expectación creada. Si no hubiese por medio las medidas anti-Covid, la plaza -que en lo posible registró un lleno de "no hay billetes"- se hubiese llenado de gente hasta las costuras igualmente. Porque Morante ya es un torero de leyenda. Lo de menos es que fume puros vestido con el traje de luces, al mejor estilo del llorado "El Pana"; lo de menos es que llegue a la plaza sentado y a bordo de una calesa; lo de menos es que encargue que le hagan ex profeso y para las grandes ocasiones, tres monteras como las que usaba Manuel García Cuesta, bien conocido por "El Espartero"... Lo de más es que, haga ya lo que haga, Morante de la Puebla es un torero de leyenda, el Curro Romero del siglo XXI como hemos dicho ya hace tiempo. Y como tal, como sucedía con Curro, tal y como decían mis amigos sevillanos : vale la pena pagar la entrada aunque solo sea por verle hacer el paseíllo.

Ya solo le falta aquel capotillo aquel, casi de juguete, que Curro abría en las plazas en su recta final, para que no le pesase tanto el original en las manos, cuando lanceaba a un toro. ¡Cuántas faenas de Curro, rodeadas de enorme expectación cuando se anunciaba en los carteles, no acabaron siendo lo que hoy Morante en El Puerto : un fiasco!. Y, sin embargo, fracaso tras fracaso, los aficionados de pro seguían yendo a las plazas donde Curro se anunciaba. ¿Cómo y por qué?. Porque de vez en cuando surgía el momento, la inspiración, el toro que permitía... y cuando esos momentos llegaban, se presentaba ante los ojos de los aficionados lo excelso, lo sublime, lo que todo aficionado de verdad soñaba siempre con ver... 

Curro era eso : momentos de gloria, momentos de toreo trascendente, de belleza incalculable... pero solo momentos, no era un Ponce de faenas prefabricadas de dos orejas casi todas las tardes. Curro, si lograba alguna que otra vez una faena sublime, era de 10 minutos contados... ¿qué digo?, de cinco, de seis, de siete, ocho a lo sumo... Dos, tres, cuatro, cinco series de muletazos bien dados, con medias desmayadas para que los tendidos gritasen apasionados el ¡olé! que tanto deseaban y... ¡a matar!. Y ahí llegaba el calvario, porque Curro Romero, entonces, a medida que los años pasaban y se hacía más mayor, matando era un desastre... se salía de la suerte, por prevención o por miedo, clavaba fuera de sitio las más de las veces, pero a poco que la estocada fuera -aunque atravesada- fulminante, aquel fervoroso público le perdonaba todo; o casi todo; en tiempo de criterios duros por parte del respetable, porque... en el ritual de entonces, las salidas de la plaza con almohadillas volando desde las gradas al ruedo, eran muy frecuentes.

Este Morante de la Puebla, quieras que no, como Curro ha entrado ya en la leyenda. Aún le queda camino por recorrer, pero ha entrado ya en la leyenda. Se empeñó en torear Prieto de la Cal y... todos sabemos lo que era Prieto de la Cal durante años. Y una ganadería como la de don Tomás, no cambia de la noche a la mañana, con lo que... por mucho que Morante se empeñe en sus deseos de enfrentar también ganaderías de las llamadas duras, todos sabemos lo que eso es; no son toros para toreros-artistas, como puede ser Morante; y sí para toreros de los llamados gladiadores. Pero Morante se empeñó en torear eso : y seis toros nada menos; los aficionados se entusiasmaron con ello; la plaza se llenó; y el desencanto se instaló. 

Como en el caso de Curro Romero, lo sucedido forma parte de algo difícil de explicar : aumentan los deseos de volver a ver a Morante en una plaza, porque -a pesar de los pesares- Morante representa ahora mismo la quintaesencia de la Tauromaquia. Y el objetivo para un aficionado de los de antes, no es que Morante triunfe siempre que actúa, sino estar presente precisamente aquel día -o aquellos días- en que Morante triunfa. Por eso se seguirá agotando el papel en taquillas, cada vez que Morante se anuncie en los carteles. Porque Morante es otra historia, historia de la eternidad, en los tiempos tan revueltos que la Tauromaquia vive y no solo por la maldita Covid que pretende hacer de puntillero.

EUGÉNIO EIROA

Imágenes de Circuitos Taurinos, empresa de la plaza de El Puerto de Santa María )

Lanceando a uno de sus toros en la corrida de este sábado, en El Puerto de Santa María



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