La evidente cornada de la Covid... o el riesgo de aparecer en la foto colgados de la brocha

Corrida das Festa da Praia (da Vitória), isla de Terceira, en la Monumental de Angra do Heroísmo (Açores)... Gradas descompuestas... unos cuantos allá, unos cuantos acá... unos cuantos... Es 2 de agosto, lunes, es la caída de la tarde. Los chicos de Tauronews en su canal de Facebook; los de la Festas da Praia, en el suyo, divulgan al Mundo en directo el desarrollo de la corrida a la portuguesa que este año se puede celebrar pero con limitaciones muy ostensibles de aforo... tanto que me parece que hay más personas viendo por "Facebook" and RTA (Radio Televisión de Açores) que presentes en directo en la plaza. 

De los dos comentaristas, el más entrado en años dice que le acaban de informar que, a media corrida, se constatan en Facebook más de 2.000 televidentes. Da la impresión de que en la plaza, ni exagerando llegan a 2.000 los presentes, ostensiblemente menos... A Covid é quem mais ordena.

Segundo año de tormento vírico. Para la Sociedad, pero también para el Mundo de los Toros. El año pasado, sobre todo, porque muchas de las tradicionales y esperadas corridas ni siquiera llegaban a celebrarse. Y este año, ahora que avanza una cierta vuelta a la normalidad, solo una cierta vuelta a la normalidad, se van celebrando corridas pero con el freno de los aforos restringidos, lo que convierte en casi héroes a los intervinientes en el asunto : cavaleiros y toreros han rebajado sus cachets hasta lo increíble, los toros se venden por casi limosnas, algunos empresarios aprovechan y aprietan a los ganaderos para que vendan el producto más que rebajado... es un sálvese quien pueda. Y los empresarios, a su vez, hacen cuentas, cuentas que casi no salen, por lo que rezan para que el día de la anunciada corrida no llueva, no haya más casos de Covid y entonces aún restrinja más la autoridad competente... y de paso piden que el aficionado haga un esfuerzo y vaya, porque de lo contrario, todos o casi todos, acaban en la foto colgados de la brocha.

EUGÉNIO EIROA



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